4 de agosto 2004 - 00:00

Lula es líder mundial de los países en desarrollo

Desde fines de la Segunda Guerra Mundial los países en desarrollo comenzaron a pelear contra los subsidios de Estados Unidos, Europa y Japón para sus materias primas, fundamentalmente productos agropecuarios. En Estados Unidos tal proteccionismo comenzó a implantarse en 1947; en Europa en 1957, con el Tratado de Roma; y en Japón en 1951, tras el fin de la ocupación norteamericana.

Comenzaron con pequeñas ayudas a sus agricultores para protegerlos de la competencia de los «Países del Sur». Luego de 60 años, esos subsidios llegan a la increíble cifra de los 1.000 millones de dólares diarios, o sea unos 360.000 millones de dólares por año, restados a los países en desarrollo y como causa fundamental de su endeudamiento.

Siempre se protestó en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Nunca se tuvo éxito. El último fracaso fue en setiembre del año pasado en Cancún. Los grandes bloques no querían bajar el subsidio a sus farmers (granjeros). La asunción de Lula da Silva en la presidencia de Brasil -1 de enero de 2003- fue fundamental. Está en camino a ser un estadista, sin caer en estatismos ni en populismos clásicos latinoamericanos, como en esta Argentina de conspicuos líderes, empezando por Eduardo Duhalde.

Brasil unió, junto a sí, a China e India. Tres de los más grandes países del mundo. Inclusive está vaticinado que hacia 2025 esos países asiáticos competirán con Estados Unidos en cuanto a tamaño de sus respectivas economías.

La presión de tales países fue muy fuerte. En la última reunión cumbre de Guadalajara de mayo pasado (entre América latina y la Unión Europea, o sea sin Estados Unidos, China, India ni Japón) se dio el primer paso. La actuación de Lula da Silva allí fue relevante. Lamentablemente una gripe aguda impidió el viaje del presidente Néstor Kirchner. Fueron Roberto Lavagna, Rafael Bielsa y el técnico especializado en estos temas, Martín Redrado. Se dejaron allí abiertas las puertas para la reunión de la semana pasada en Ginebra.

En esta ciudad suiza, los «Países del Sur» lograron imponer su criterio con un razonamiento impecable: si no nos permiten venderles, no pueden exigirnos que les paguemos la totalidad de nuestras inmensas deudas.

Luego de 60 años de lucha se consiguió: van a eliminar Estados Unidos, Europa y asiáticos, principalmente Japón, todos los subsidios a las exportaciones agrícolas.

Esto beneficiará enormemente a países como la Argentina, Brasil, India, Sudáfrica, y otros latinoamericanos y africanos.

Pero además se logró como piso que 20% de los subsidios agrícolas destinados a proteger a los productores que venden dentro de sus países también sea eliminado. Todo en un término de 5 años. Brasil cita este plazo. El gobierno argentino cree que demandará 10 años desde la firma del acuerdo final dentro de la OMC, que podría darse el año próximo en una cumbre en Hong Kong. Y hay riesgo de que los productores afectados de los países desarrollados peleen contra la medida (ya hay proyectadas marchas de protesta en Europa). Si triunfa el término de Lula da Silva, o sea 5 años, la Argentina podrá exportar hacia 2010 unos 17.000 millones de dólares más que los 30.000 millones actuales. El mundo en desarrollo podría así comenzar a acortar la diferencia de bienestar entre Norte y Sur.

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