Roma (especial) - Los jefes de Estado de distintas naciones realizaron ayer un llamado unánime para paliar la grave ola de hambrunas que está afectando a todo el mundo. Sin embargo, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, fue el que se destacó por su reclamo, en el que arremetió contra el proteccionismo, al mismo tiempo que defendió «una revolución dorada» basada en los biocombustibles y en la eliminación de los subsidios.
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Este fue el resultado que coronó la primera jornada de la cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que se inauguró ayer en Roma y que finalizará mañana. Una reunión que cuenta con la presencia de mandatarios europeos, como el presidente francés Nicolas Sarkozy o el español José Luis Rodríguez Zapatero, y con sudamericanos, como Cristina de Kirchner, y otras figuras como los jefes de Estado de Zimbabwe, Robert Mugabe, y de Irán, Mahmud Ahmadineyad.
En un discurso de unos 20 minutos, Lula da Silva ilustró «la revolución dorada», que combina tierra, sol y tecnología de punta para crear «un concepto nuevo de seguridad para un mundo en el cual no sólo la energía sino también las ideologías sean renovables». En ese sentido, el mandatarioafirmó que «la globalización, que se instaló de forma tan amplia en la industria, necesita llegar a la agricultura».
Acto seguido, Lula invitó a la comunidad internacional a tomar medidas «viables y audaces» para impedir que unos 100 millones de personas en Africa, Asia y América latina ingresen al umbral de la desnutrición; al mismo tiempo que arremetió contra los « lobbies poderosos», que hacen campaña contra la producción de etanol.
«Veo con espanto los intentos de crear una relación de causa y efecto entre los biocombustibles y el aumento de los precios de los alimentos», remarcó Lula y explicó que «los biocombustibles no son el villano sino que pueden ser, por el contrario, un instrumento importante para generar ingresos y empleos y retirar a países de la inseguridad alimentaria y energética».
Clamor
«Es intolerable el proteccionismo que atrofia y desorganiza la producción agrícola de los países pobres», clamó el mandatario brasileño ante los 40 jefes de Estado que asisten a la Cumbre, entre ellos numerosos europeos que otorgan millonarios subsidios a sus agricultores.
Pero más allá del discurso de Lula, se sumaron otros mandatarios que criticaron las políticas comerciales que aplican los países desarrollados y que afectan a los más pobres. En esta línea se situó Cristina de Kirchner en nombre de la Argentina (ver nota aparte) y el vicepresidente de Cuba, José Ramón Machado Ventura, quien asignó «a los países del Norte una indiscutible responsabilidad en el hambre y desnutrición de más de 850 millones de personas,por imponer la liberacióncomercial entre actores claramente desiguales».
Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Kimoon, estimó que la producción de alimentos debe aumentar 50% para afrontar las necesidades de los próximos 22 años y en ese sentido, reclamó «un mayor grado de consenso internacional sobre los biocarburantes». La idea es que este tipo de combustibles podría ayudar a agilizar la producción cuando la principal fuente de energía, el petróleo, no deja de incrementar su precio.
Pero todas no fueron críticas durante la primera jornada de la FAO. Entre los pocos compromisos concretos que se anunciaron ayer, España adelantó que destinará 500 millones de euros hasta 2012 a programas de seguridad alimentaria.
Rodríguez Zapatero adelantó también que su país será sede de una reunión internacional el próximo otoño europeo, con el propósito de garantizar los alimentos en todo el mundo, en la que se elaborará una «Carta de Derechos de la Seguridad Alimentaria».
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