Los pedidos de Martín Guzmán a Alberto Fernández que terminaron en su renuncia

Economía

Le pidió al Presidente el control total del área energética y también algunos resortes en el BCRA. No lo consiguió. La inflación, los ingresos, las disputas internas y la corrida como telón de Fondo. Las presiones del mercado.

Dos días antes de comunicarle la decisión por teléfono, Martín Guzmán le había pedido al Presidente concentrar más poder dentro del gabinete económico como requisito para continuar. Hacerse del control de la botonera completa, lo que implicaba incorporar fundamentalmente, aunque no solo, las palancas del área energética, que en el loteo fundacional del gobierno habían quedado del lado de la vicepresidenta. Alberto Fernández le pidió tiempo. Sin una pronta respuesta a su planteo, el sábado al mediodía el ahora exministro de Economía llamó al primer mandatario para comunicarle su renuncia, le envió la carta por Whatsapp y por la tarde, mientras Cristina Fernández de Kirchner hablaba en Ensenada, la hizo pública a través de su cuenta de Twitter.

“Tomo la decisión cuando la interna ya le impedía hacer cosas concretas”, aseguran en su entorno. La bisagra, cuentan, fueron las dificultades para poner en marcha el registro de inscripción para quienes necesiten mantener los subsidios a la luz y el gas, cuando ya transcurrieron dos semanas de la publicación del decreto que reglamentó la segmentación, una política que Guzmán consideraba clave (y más aún en el marco el programa con el FMI). Sin su aval, el secretario de Energía, Darío Martínez, que en lo formal está bajo su órbita pero en lo político no, autorizó una suba del piso de ingresos familiares a partir del cual se dejará de percibir subsidios exclusivamente para la Patagonia y demoró la puesta en marcha del registro. Martín Guzmán quiso que el Presidente desplazara a Martínez.

Según supo Ámbito, también le pidió controlar algunos resortes del Banco Central, fundamentalmente en la mesa de dinero de la entidad, que es la encargada de intervenir en el mercado cambiario y de capitales. Básicamente, quería ser él quien tuviera bajo su control directo el poder de toma de decisiones inmediatas para hacer frente a las corridas cambiarias y financieras, como las que signaron las últimas semanas.

“En un momento Alberto le dio el poder de decisión. A fines de 2020 cuando el dólar blue se fue a $195. Y se logró revertir esa corrida”, señalaban anoche en el Palacio de Hacienda, donde Guzmán permanecía reunido con sus secretarios y colaboradores más cercanos, quienes presentaron su renuncia junto a la suya. El economista platense, que había sido respaldado una vez más por el presidente durante la semana en una entrevista en C5N, pretendía que se reeditara aquella definición. Pero el escenario político no es el mismo: ahora tanto el kirchnerismo como el massismo lo querían afuera del Gobierno, y la disputa interna por el rumbo económico llevaba largos meses de debate a cielo abierto, que se magnificó tras el acuerdo con el Fondo.

El ala comandada por la vicepresidenta pedía una política más expansiva para que el Estado juegue un rol más decisivo en la distribución del ingreso, más aún en un contexto marcado por el impacto desigualador de la guerra en todo el mundo, y catalogaba al plan de Guzmán como de ajuste. Para el exministro, el crecimiento del gasto público en términos reales durante la primera parte del año y el descarte de un salto devaluatorio eran la demostración de que no había en marcha ningún ajuste, como escribió en su carta de renuncia.

En cualquier caso, la escalada inflacionaria y el estancamiento del poder adquisitivo de los ingresos en un nivel apenas superior al piso que dejó el gobierno de Mauricio Macri fueron factores claves del debilitamiento de la posición del exfuncionario, quien mostraba como medallas la recuperación de la actividad económica del 10,4% en 2021 y la reestructuración de las deudas que dejó el macrismo, que constituyeron uno de los principales condicionantes de la actual gestión económica junto con la pandemia y la guerra. Es posible que el freno en la desaceleración de la inflación registrado en junio por todas las consultoras privadas (y reconocido por algunos funcionarios) haya contribuido a precipitar la decisión de Guzmán.

La presión del mercado y lo que viene

Mientras se define su reemplazo en Economía y se discute la posibilidad de una eventual reformulación del Gabinete, la gran pregunta es cómo continuará el programa económico. Por lo pronto, las presiones en el mercado, que se materializaron en las últimas semanas en la corrida contra los dólares paralelos y los títulos públicos, son una amenaza que asoma de cara al inicio de la semana. Con una inflación que navega bien por encima del 60% y una situación social muy delicada, está claro que lo que ocurra con el dólar será determinante de lo que vendrá.

En los últimos días, Guzmán y el equipo económico habían puesto en marcha una suerte de plan de contención de daños para mitigar las tensiones en el mercado y apuntalar las jaqueadas reservas internacionales. Presiones que conjugaron entre sus factores el adverso contexto internacional, los problemas macroeconómicos locales y las versiones alentadas por la oposición de un eventual reperfilamiento de la deuda en pesos.

El plan de contención combinó las restricciones a las importaciones para cuidar las reservas con la intervención del BCRA para sostener la curva de rendimientos de la deuda en pesos y ayudar a su refinanciamiento, y la adaptación del Presupuesto 2022 al cumplimiento de la meta fiscal anual.

Con el telón de fondo de un FMI que en la primera revisión del programa reclamó una considerable desaceleración del gasto público en el segundo semestre (luego de una primera mitad del año más expansiva de lo previsto producto del impacto de la guerra en Ucrania). Una especie de intento por recrear la política aplicada ante la corrida de octubre de 2020, que el Gobierno definió en su momento como de “prudencia”. Ahora el panorama está abierto.

Por el momento, desde Presidencia aseguran que los cambios en el Gabinete se definirán con el criterio de sostener el programa económico trazado. Pero hay voces cercanas al Instituto Patria que plantean que es tiempo de barajar y dar de nuevo. Son horas claves para el futuro del gobierno y resta ver las señales que se enviarán al respecto.

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