El gobierno sigue aumentando día a día su intervención en la economía. Es conocida esta vocación oficial con los casos del servicio de trenes, nuevas experiencias con las líneas aéreas, el correo y la creación de ENARSA, la petrolera estatal. No era lo que se buscaba inicialmente, pero con Aguas Argentinas todo apunta a que se alargará esa lista. Es un golpe para el ministro Julio De Vido, quien estaba a cargo de la negociación y que por su fracaso abandonó el bajo perfil que mantenía para justificar la retirada del grupo francés Suez. Reprivatizar la empresa no será fácil. Baja rentabilidad del sector y necesidad de inversiones son las primeras trabas. Recuérdese que se prometió privatizar el Correo «a los 180 días». Nunca se hizo. A esto se suman medidas económicas con el mismo perfil. A los intentos de controlar vía «acuerdos» precios como el de la carne, se suman subsidios. Es positivo el fin de permitir que más personas puedan acceder a un crédito hipotecario. Pero la clave pasa por cómo se lo instrumente. Sólo trascendió la orden de Néstor Kirchner de que la tasa en pesos baje de 11% anual a 6%-7%.
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Varios observadores advirtieron que no es fácil que el gobierno logre interesados para un servicio que exige fuertes inversiones, tiene una operatoria delicada en lo que se refiere a calidad del agua y manejo de las napas, en tanto la prestación se debe extender cada vez más hacia los sectores menos pudientes de la población, lo que obliga a acotar tarifas y rentabilidad y a contar con subvención estatal ( hecho que limita la gestión empresaria).
Además de estas limitaciones, es difícil ver al actual gobierno en un debate en el que se lo acuse de «privatizador» o de otorgar subsidios a una empresa privada, sea nacional o extranjera.
De hecho, esas mismas circunstancias dificultaron el acuerdo con el grupo francés Suez, aunque en el último momento el elemento desencadenante habría sido la resistencia del presidente Néstor Kirchner a anunciar un aumento de tarifas antes de las elecciones, si bien el ajuste iba a regir en 2006.
También es cierto que el gobierno parece más proclive a las reestatizaciones. Cuando se rescindió el contrato al grupo Macri, se anunció que el Correo se volvería a privatizar en 180 días y después de un año de postergaciones, se decidió que no se volvería a licitar. Algo similar está ocurriendo con el ferrocarril San Martín de pasajeros, cuya concesión también se rescindió con la promesa de que se volvería a privatizar.
Por último, el Estado viene explorando sin éxito desde hace por lo menos un año la posibilidad de que un empresario nacional se asocie con Suez y Aguas de Barcelona (Agbar) en Aguas Argentinas. También los franceses recorrieron ese camino y no encontraron interesados.
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