Sorprendió ayer la caída en junio de 0,5% de la producción industrial. En realidad, todos los analistas esperaban un aumento en la actividad del sector más beneficiado y clave para el gobierno. Es cierto que se trata del resultado de un mes, pero lo que igualmente está claro es que la tendencia es hacia una sostenida desaceleración. ¿Qué está pasando? Simplemente que cada vez son más los sectores que trabajan cerca del máximo de producción. Y son pocos los que apuestan a invertir más para aumentar su capacidad instalada. Por ello es que a altas tasas ya no puede crecer la economía. No tiene espacio para hacerlo. En la decisión de definir una inversión juegan muchos factores y aquí lamentablemente se empiezan a pagar los costos de discursos y políticas antiempresas. Controles de precios, aumentos de impuestos para los que ganan mucho, subas salariales por decreto, cambio de reglas (a lo que se suma la incertidumbre clásica de invertir en un país con la historia económica que tiene la Argentina) poseen un rol importante. Mientras más temprano se detecte desde el gobierno el problema, mejor. La economía, si no, va inexorablemente rumbo a un magro crecimiento de 3% en el mejor de los casos, lo que sería normal para un país desarrollado pero no para uno que sale de la peor crisis de su historia y que paralelamente ve cómo sus vecinos cada año se alejan con mejores resultados.
Si se toma la medición del primer semestre del año, sectorialmente se puede determinar que la
Por su parte, 51,4% estima un ritmo estable en las exportaciones, a la vez que 40% considera que habrá una suba y 8,6 por ciento anticipa una disminución.
Dejá tu comentario