El economista chileno Sebastián Edwards y el argentino Ernesto Schargrodsky (ex alumno de uno de los galardonados) coinciden en que el Nobel fue adecuadamente entregado a los norteamericanos Leonid Hurwicz, Erik Maskin y Roger Myerson.
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Cuando Eric Maskin era profesor de Harvard fui alumno suyo. Es una persona sencilla y extremadamente agradable. En ese momento, invitaba una vez por semana a un grupo de estudiantes a almorzar para poder conocernos mejor. Si bien su trabajo es más bien teórico, está siempre presente en reuniones como lo hizo hace dos semanas en LACEA (Asociación de Economía de América Latina y el Caribe). El aporte de los tres economistas que recibieron el Nobel es haber desarrollado lo que se conoce como «diseño de mecanismos». Son contribuciones de la segunda mitad de siglo XX, en particular en los 80, que permitieron entender los contratos que ya existían y también mejorarlos. En esta área, de teoría de los juegos, se hicieron grandes investigaciones y varios economistas recibieron el Nobel como Joseph Stiglitz, George Akerlof y Michael Spence en 2001, por lo que era esperable que este año se lo dieran a ellos.
SEBASTIAN EDWARDS
Universidad de California El trabajo de los tres es teórico, pero con importante aplicabilidad. El comité ha decidido, correctamente, galardonar trabajos que, a pesar de ser muy abstractos, tienen utilidad práctica.
Desarrollaron teorías estratégicas sobre el diseño de mecanismos de mercado. Una aplicación especialmente interesante es cómo vender los espectros de radiotelefonía y televisión. Me parece muy adecuado que se lo hayan dado a ellos. Creo que casi nadie esperaba que Hurwicz, Maskin y Myerson lo fueran a recibir este año. Pero la verdad es que en el pasado también nos hemos sorprendido, como el premio que se le otorgó a William Vickrey en 1996. Para los latinoamericanos el tema macro es siempre muy central, ya que nuestra historia es de gran inestabilidad. En el resto del mundo, sin embargo, la preocupación central es la micro. Acabo de estar en Australia, donde habrá elecciones el 24 de noviembre; toda la discusión política es micro: cómo ganar productividad y flexibilidad para competir internacionalmente. Mi favorito para recibir el Nobel es mi colega de UCLA Arnold Harrberger, un pionero de las finanzas públicas modernas y un gigante del desarrollo económico.
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