La misión técnica del FMI comenzó a trabajar ayer con una orden clara: recomponer las relaciones con el gobierno y acercar posiciones para llegar a un acuerdo. La presión de los países del G-7, principales accionistas del Fondo, motivó al menos un cambio de actitud en la intransigente «ala técnica» del organismo. Un inminente default masivo de la Argentina puso a la comunidad internacional en alerta. Ahora la principal preocupación en esta etapa de las negociaciones está centrada, sobre todo, en las cuentas públicas. Desde Washington quieren la seguridad de que el país podrá conseguir un superávit primario de 2,5% del PBI. También repasaron la situación monetaria y del BCRA tras los últimos cambios. Alfonso Prat-Gay, nuevo titular del Central, hizo su presentación formal ante los representantes del Fondo ayer a las 15, y les aseguró su vocación por mantener la independencia de la autoridad monetaria.
La inminencia de un default con el FMI, que se produciría a mediados de enero, aceleró un cambio en la actitud de indiferencia total que se apoderó de la línea técnica del FMI en noviembre.
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