Nueva York - A los 64 años falleció ayer Kenneth Lay, que convirtió a Enron Corp. en la mayor operadora mundial de energía y años más tarde fue declarado culpable por el fraude que desembocó en la quiebra de la empresa. El deceso se produjo, aparentemente, por un ataque cardíaco, cerca de Aspen (Colorado). El abogado defensor de Lay, Mike Ramsey, dijo a través de una vocera que su cliente murió «de lo que parece haber sido un ataque cardíaco».
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El 25 de mayo pasado, Lay y su sucesor como CEO de Enron, Jeffrey Skilling, fueron declarados culpables de encabezar el mayor desfalco de la historia, que llevó a Enron a la quiebra en diciembre de 2001. Lay también fue convicto del delito de fraude bancario. Ambos ejecutivos iban a ser sentenciados en octubre.
Su muerte se produce cuando existía la casi certeza de que Lay iba a terminar su vida en una cárcel federal. Podría decirse, entonces, que su infarto fue la única escapatoria a la que pudo apelar para evitar ese triste destino. Lay fue trasladado al Aspen Valley Hospital luego de que sus acompañantes llamaron de urgencia al servicio médico; allí fue declarado muerto a las 3.11 hora local. En realidad, la causa cierta de su muerte sólo se conocerá dentro de una semana, cuando se practique la autopsia ordenada por un juez local.
Lay, hijo de un predicador protestante, se doctoró en la Universidad de Houston y años más tarde creó Enron, que llegó a ser la séptima empresa de Estados Unidos por facturación.
En declaraciones que recogen las agencias de noticias, David Irwin, ex fiscal de la causa, dijo que el deceso de Lay «complica cualquier posibilidad de recuperar dineros mal habidos»; cabe recordar que el empresario fallecido había declarado en el juicio en su contra que estaba «en bancarrota» porque -a pesar de que Enron había entrado en caída libre- «nunca me desprendí de mis acciones de la compañía. Hoy tengo un déficit de u$s 250.000». El agente fiscal dijo tener informaciones de que Lay aún conservaba unos u$s 40 millones de su fortuna personal, una frugal pitanza si se compara esa cifra con el banquete que fueron las ganancias obtenidas por los accionistas de Enron en sus días de gloria.
Colapso
La caída de Enron, que se desbarrancó cuando se descubrieron maniobras contables para «inflar» sus utilidades y ocultar pérdidas, provocó su colapso, la desaparición de unos 5.000 puestos de trabajo y la «evaporación» de más de u$s 1.000 millones aportados por esos trabajadores a su fondo de pensión.
Sin embargo, los principales damnificados fueron quienes tenían acciones de Enron -cuyo valor de mercado llegó a ser cercano a los u$s 70.000 millones en agosto de 2000, y que es en realidad el monto de la estafa-, que compraron esos papeles confiados en los resultados (falsos) que divulgaba la energética.
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