En enero, las productoras de petróleo y las refinerías acordaron con el aval del gobierno, que las primeras vendieran el barril de crudo a las segundas a 28,5 dólares, aunque la cotización internacional fuera más alta. Era el momento en que, ante la inminencia de la invasión de EE.UU. a Irak, los expertos pronosticaban un precio de 50 dólares el barril. El convenio incluyó que cuando el precio baja de 28,5 dólares (como ocurre desde la última semana de abril) se va a seguir manteniendo el mismo valor del petróleo en el mercado interno, hasta compensar el crédito constituido cuando estuvo por encima de ese nivel. Hasta setiembre o agosto se seguirá pagando la deuda de refinadoras con productoras, y recién después el valor de las naftas y el gasoil al público empezarán a bajar, reflejando la caída en la cotización internacional que se advierte desde las últimas semanas. Así lo aseguró a Ambito Financiero Juan José Aranguren, titular de la Cámara de la Industria del Petróleo y presidente de Shell Argentina. Aranguren también habló sobre la abrupta migración de vehículos de nafta a GNC:25.000 unidades promedio por mes y los riesgos que esto depara para la industria refinadora y para los propios consumidores. A continuación, el diálogo con este diario.
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