6 de septiembre 2001 - 00:00

Negocio de la salud en manos de bancos

Merrill Lynch, el grupo SLI de Samuel Liberman, el fondo NewBrigde, el suizo UBS Capital y Alejandro Quentin -presidente de Farmacity- quieren hacerle ahorrar plata a las prepagas y obras sociales, y quedarse con un pedazo de ese ahorro.

Para ello lanzan Salutia, una procesadora de transacciones entre prestadores de la salud (médicos, sanatorios, laboratorios, etc.) y financiadores (prepagas, obras sociales).

La inversión inicial parece modesta, u$s 1,4 millón, pero sería sólo la punta de un iceberg que irá creciendo a medida que lo haga su actividad. De hecho, en Brasil, donde salieron hace un año, llevan invertidos u$s 22 millones para atender a 11 clientes para los cuales procesan 1,4 millón de transacciones mensuales.

Según su CEO Sebastián Popik, Salutia «está haciendo dos pruebas piloto en la Argentina con otras tantas empresas del sector, y esperamos que para fin de año estemos trabajando con nuestros primeros clientes». El ejecutivo afirma que su objetivo es llegar a «de tres a cuatro millones de transacciones mensuales en 2002 en la Argentina, y el doble de esa cifra en Brasil».

El modelo según el cual conformaron Salutia es la estadouni-dense WebMD, que viene desarrollando este negocio desde hace una década; allí, dos tercios de las transacciones administrativas médicas son electrónicas.

«En la Argentina se gastan u$s 20.400 millones anuales en salud, de los que 15% corresponden a gastos administrativos. Creemos que racionalizando y optimizando esos gastos puede llegarse a un ahorro cercano a los u$s 700 millones.»
Y de ese ahorro Salutia quiere un porcentaje.

La empresa promete controlar (a través de la autorización en el punto de atención, mediante teléfono, Internet, celular o máquinas POS) la «sobreutilización de los beneficios: por caso, un plan permite ir al dentista una vez por mes, pero hay afiliados que lo hacen tres o cuatro veces, y después no se les cobra porque es mayor el engorro que el gasto. En cambio, si el paciente va con su tarjeta y el médico (o laboratorio, o clínica) puede verificar si no está excedido, eso no pasa», promete Popik.

Además, asegura el ejecutivo,
«al tener certificado el cobro, los sanatorios pueden securitizar los créditos que tienen contra las prepagas u obras sociales, y convertirlos en efectivo. No se olvide que hoy existe una deuda acumulada en el sistema de más de u$s 2.000 millones».
S.D.

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