Si algo puede decirse de la rueda de ayer, es que no fue para nada sorprendente. Ni por el hecho de que los tres principales índices accionarios cerraran prácticamente en el punto más alto del día, ni por 1,36% que ganó el Dow (quedó en 10.589,24 puntos). Tampoco podemos decir que sorprendiese demasiado 2,44% que retrocedió el precio del petróleo (a u$s 65,96 por barril), o que las empresas afines a la energía estuvieran entre las más quedadas (aunque esto significase ganar en promedio 0,69%). En el mismo sentido, podríamos mencionar también la suba del costo del dinero (la tasa a 10 años quedó en 4,086%, y el dólar que se afirmó al tocar 109,72 yens y u$s 1,2474 por euro). Lo irónico del caso es que alguien que sólo mirase los datos puntuales de cualquiera de los activos anteriores llegaría a la conclusión de que si algo dejó el huracán para el mundo financiero, fue algo suficientemente positivo como para justificar que hoy estemos viendo valores superiores a los que se veían antes que el huracán tocase tierra firme. Revisando la lista de las cotizantes, sin embargo, es posible apreciar los cambios de cartera que disparó el cataclismo. Por un lado, entre lo mejor siguieron colocándose las empresas vinculadas a la reconstrucción de las zonas devastadas, mientras que las especulaciones sobre la Reserva Federal parecen ser lo que impulsa al sector financiero. Claro que con apenas 2.800 millones de papeles operados entre NYSE y NASDAQ, hay que tomar el optimismo con pinzas. Es claro que los inversores no quieren ni oír hablar del daño a la economía que trajo Katrina.
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