27 de agosto 2002 - 00:00

Nueva York

Nueva York
Los números pueden explicar lo que pasó. En julio, los inversores se desprendieron de u$s 49.000 millones en acciones. Para poner esa cifra en perspectiva, es 1,6% del total de lo invertido en acciones. Con el efectivo, los ahorristas se volcaron a reinvertir poco más de 19.000 millones en bonos y 31.000 millones en deuda de corto plazo. Sin duda que esto explica el porqué del desplome de aquel mes, cuando el mercado bursátil perdió 10% de su valor, y la consiguiente suba que tuvieron los títulos del gobierno. Todavía no tenemos los guarismos correspondientes a este mes, pero seguramente que las cosas mejoraron, aunque más no sea porque el período estival dio como resultado una importante reducción en la activad financiera. Claro que esto que puede ser bueno, también tiene su lado negativo. Es así que la mejora con que arrancó la semana el promedio industrial, ganando 0,52% para quedar en 8.919,01 puntos, queda muy acotada si tenemos en cuenta que apenas si se alcanzaron a negociar 1.000 millones de acciones en el mercado tradicional y 1.400 millones en el electrónico. Dando otra vuelta a la tuerca podemos decir que es también gracias al poco interés de los inversores que el mercado bursátil pudo recuperarse, luego de permanecer del lado perdedor hasta casi las dos de la tarde. Casi sin noticias relevantes en el frente bursátil (la excepción fue el dato sobre las ventas de casas nuevas) los comentarios de los operadores se centraron en la nueva embestida del Poder Ejecutivo, avivando las llamas de una guerra contra Irak. Pero como el cuento del pastorcillo y el lobo, cada día que pasa el mercado le presta menos atención. Si hoy tenemos un volumen más "razonable", a lo mejor podemos esbozar alguna conclusión, por lo de ayer, ninguna.

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