La atractiva
puesta de
Daniel Suárez
Marzal y la
vigencia del
argumento de
la obra de
Cervantes
logran
desmentir, por
una vez, la
fama de
«espanta
público» que
arrastra el
teatro del
Siglo de Oro
español.
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Lamentablemente, el teatro del Siglo de Oro arrastra la mala fama de ser «espanta público» (basta con recordar el inexplicable fracaso de taquilla de Informate más
El único punto discordante de la puesta tiene que ver con las figuras alegóricas: Españarío Duero, Guerra y Fama, que interrumpen la acción dramática con sus apariciones grandilocuentes (el desplazamiento de las tres carrozas resulta demasiado lento y dificultoso) y sus declamaciones solemnes e impostadas. Despiertan mucho más interés los conciliábulos de romanos y numantinos, muy bien liderados por El público se identifica con esta tragedia, de apenas una hora quince de duración. Aún cuando le cueste captar las permanentes referencias al reinado de
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