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La mejor prueba es que al momento de sonar la chicharra del NYMEX, el precio del barril cedía 0,42% a u$s 66,5, en tanto el futuro de gasolina trepaba 4,2%. Podría pensarse que 0,49% que perdió el oro (quedó en u$s 470,3 la onza) apuntalaba un poco la idea de que los mercados se están calmando, pero esto parece haber sido más que nada un simple ajuste a lo que ha sido una impresionante suba de 5% en lo que va de la semana. En un sentido similar, la baja de los bonos del Tesoro (con la consiguiente suba de la tasa de 10 años, que finalizó en 4,18% anual) podría encuadrarse bajo la idea de un mercado que se aleja de la renta fija para buscar la inversión de riesgo, pero no sólo es algo poco creíble en la actual atmósfera de nerviosismo general, sino que no condice ni con la merma del dólar ni con el hecho de que recién treinta minutos después de la una de la tarde los principales índices accionarios pasaron a moverse del lado ganador. Con excepcionales 1.800 millones de papeles operados en el NYSE (100 millones más que en el NASDAQ) y una suba de tan sólo 0,42% para el Dow (cerró en 10.422,05 puntos), lo que parece estar reflejando el mercado es simplemente la magnitud de la confusión y la ausencia de datos fidedignos que sigue imperando. Informate más
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