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La intervención del Banco Montevideo y la tensión política que provocó el reemplazo de las autoridades económicas terminó acelerando la fuga de depósitos que precedió a los días de asueto bancarios. En este punto, entre 70% y 80% del total de los depósitos se encontraba en bancos públicos o intervenidos, y el hecho de que los mercados de deuda estaban cerrados para la deuda soberana de Uruguay, junto con la drástica reducción en el nivel de reservas internacionales, puso en obviedad que el Banco Central ya no estaba en la posición de actuar como prestamista de última instancia.
En este contexto, el gobierno recibió apoyo adicional del FMI. Cuando los bancos reabrieron sus puertas, las autoridades uruguayas anunciaron que las instituciones gubernamentales reestructurarían sus certificados de depósito (CD), prolongando los vencimientos tres años. También se informó que los fondos del FMI iban a ser utilizados para asegurar que los depósitos a la vista tanto de bancos públicos como de intervenidos fueran cubiertos en su totalidad. De manera simultánea, el Banco Central suspendió las dos entidades intervenidas que todavía permanecían abiertas cuando iniciaron los feriados bancarios, aclarando que habían elegido una salida de mercado para solucionar la crisis del sistema financiero.
Por lo tanto, cuando ya no fue posible sostener la política inicial de rescate de instituciones emproblemadas, que implicaba la "nacionalización" de un problema del sector privado, el gobierno decidió diferenciar a los ganadores de los perdedores, para no seguir los pasos de Argentina, donde para “ubrir”los problemas irremediables de ciertos bancos se afectó toda la solvencia del sistema.
Por otro lado, el sistema financiero de Uruguay se beneficia de la intensa participación de los bancos extranjeros en la propiedad y administración de muchas instituciones importantes. Las operaciones de los bancos extranjeros son muy pequeñas en relación con las de sus casas matrices, y están estrechamente vinculadas con una línea de negocios muy sensible, tal como la banca privada. Por lo tanto, a diferencia de lo que pasó en Argentina, es probable que las controladoras apoyen a sus afiliados en caso de una falta de liquidez temporal.
De cualquiera forma, aun si la actual situación crítica del sistema financiero es solucionada en el corto plazo, los bancos todavía enfrentarían un difícil entorno por algún tiempo. La calidad de activos de los bancos continuará deteriorándose fuertemente por varios meses como consecuencia de la recesión económica y la depreciación del peso, que dificulta la situación para las compañías con ingresos en pesos o con menos exportaciones para cumplir con sus obligaciones denominadas en dólares.
Además, como resultado de la crisis de confianza, se espera que disminuyan los ingresos relacionados con los negocios de bancos privados no residentes tradicionalmente importantes de Uruguay.
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