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29 de enero 2004 - 00:00

Para explicar el mundo, a solas

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La idea que preside el encuentro es desentrañar las opiniones de Kirchner sobre varios aspectos de las relaciones exteriores argentinas que resultan borrosos para Aznar y también para George W. Bush. Uno de ellos es la relación con el Fondo Monetario Internacional y los acreedores del país; otro, la estabilidad política de Latinoamérica, cuestión que involucra varias incógnitas: la Bolivia de Evo Morales, el posible triunfo de Tabaré Vázquez en Uruguay, las tensiones sin solución de Colombia, por la guerrilla y el narcotráfico. También su visión de Brasil, cuya orientación económica la dirigencia española aprecia pero en cuya dimensión y capacidad de liderazgo desconfía (finalmente, España sueña con ocupar el rol de nave insignia de la región, a fuerza de invertir y hacer política).

Quienes asesoran a Aznar convencieron al primer ministro de que para despejar el verdadero sentir de Kirchner conviene no conversar con demasiado público, es decir, fuera de un contexto que lo obliga a menudo a asumir posturas demasiado rígidas o dedicadas «a la platea». Se verá si el viejo Madrid inspira ese sinceramiento que busca el dueño de casa. Después de todo, Aznar ya conoce el papel de preceptor de presidentes argentinos. Lo aprendió con Eduardo Duhalde, a quien también recibió en La Moncloa después de que el canciller le dijo: «Explícale tú cómo es el mundo porque a mí no me hace caso».

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