La Argentina precisa volver a los mercados financieros para hacer frente a abultados vencimientos de deuda. Puede aguantar sin mayores sobresaltos estos tres últimos meses de 2007, pero la situación será más acuciante a partir del año próximo.
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El Banco del Sur será un instrumento de gran utilidad para cubrir ese bache financiero, que oscilaría entre u$s 6.000 millones (escenario optimista) y u$s 8.500 millones sólo el año próximo.
Con ese objetivo, una de las primeras tareas de los países fundadores será hacer calificar a la nueva institución. Si consigue el «investment grade», podría acceder a dinero muy barato en los mercados internacionales y luego represtarlo a los socios. Pero no será sencillo: ninguno de los miembros originales posee calificaciones tan altas, incluso algunos presentan elevadísimos niveles de riesgo (como sucede con la Argentina, Ecuador y Venezuela).
El «modelo a imitar» es el de la Corporación Andina de Fomento, la institución que agrupa a los países andinos (se sumaron otros en los últimos años). De hecho, tienen varios puntos en común. La sede central de la CAF se encuentraen Caracas y lo propio sucederá con el Banco del Sur. Y tampoco goza con accionistas de gran prestigio para la mirada de los inversores. Sin embargo, consiguió que Standard & Poor's la calificara como «A», es decir, cómodamente en el selecto grupo de los emisores que consiguieron el preciado grado de inversión. Lo mismo se repite con otras evaluadoras, como Fitch y Moody's.
En su página de presentación, la CAF explica por qué obtuvo semejantes notas, cuando ninguno de los países miembros accede a ellas: «Es consecuencia de la estabilidad de sus resultados operativos, la prudencia con la cual maneja sus políticas de crédito y la independencia con que actúa en el orden político».
Son tres aspectos que no serán precisamente sencillos para cumplir por parte de la nueva entidad, que arranca tironeada por un Hugo Chávez que se atribuye su creación y la desconfianza del brasileño Lula da Silva. La Argentina, en tanto, asumió el papel de mediador entre ambos.
Una de las claves que entusiasma a los países fundadores es que deberán hacer un aporte de capital relativamente pequeño, con la idea de utilizarlo como «palanca» para salir a buscar financiamiento en el exterior. Si el Banco resulta bien calificado, podría conseguir dinero a tasas incluso inferiores a 7%, mientras que hoy la Argentina debería pagar entre 10,5% y 11%.
Estimación
En este contexto se dio, por otra parte, la incorporación la semana pasada de la Argentina como miembro pleno de la CAF. En la Casa Rosada estiman que este paso también le dará al país mayor acceso a recursos financieros, en este caso por parte de otro organismo multilateral. El BID y el Banco Mundial mantienen balances apenas neutros o aun levemente negativos con la Argentina (es decir que otorgan nuevos préstamos, pero sobre la base de lo que el país cancela mes a mes).
El acceso a los mercados para el gobierno sigue complicado por distintos motivos. Aun con la recuperación de las últimas semanas en las Bolsas mundiales, el riesgopaís continúa al borde de los 400 puntos, el doble que el valor de principios de año. Casi todos los países emergentes volvieron a la situación anterior a la crisis. Pero los inversores distinguieron entre aquellos países con una situación fiscal sólida respecto de otros que muestran deterioros, como Venezuela y la Argentina.
También la urgencia de arreglar la deuda con el Club de París está directamente vinculada con esta preocupación por la falta de acceso al crédito. Un acuerdo con los países desarrollados podría destrabar líneas de entidades oficiales del Viejo Mundo que se ocupan de financiar inversiones en obras de infraestructura.
La decisión del gobierno de cancelar la deuda con el FMI y la reticencia de otros prestamistas clásicos (BID y Banco Mundial) llevaron al gobierno a buscar alternativas. Venezuela compró hace un mes y medio u$s 500 millones en títulos argentinos, pero llega ahora con la « billetera cansada» y con menos ánimo de seguir participando en este tipo de transacciones.
Por eso, pasó a ser prioritario para el país la incorporación a la CAF o el lanzamiento del Banco del Sur. Sin posibilidad de emitir deuda ni aquí (mucho menos tras las investigaciones a los banqueros) ni en el exterior (por los bonistas que enjuician a la Argentina), el país vuelve a depender de la buena voluntad de instituciones oficiales para no rozar nuevamente la temida cesación de pagos.
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