Estados Unidos creció 6,4% en el primer trimestre, pero la cifra es apenas la punta del iceberg. No es el auge de la producción lo que más resalta sino la pujanza extraordinaria de la demanda agregada. El consumo privado se expandió 10,7% (el consumo de bienes, 23%). La inversión no residencial aumentó 9,9% y la residencial, 10,8%. El gasto público volvió a hincharse después de dos trimestres consecutivos en baja: 6,3% (y 13,9% a nivel nacional). ¿Cómo hizo la oferta, limitada por restricciones sanitarias y de logística, para saciar tanto apetito? Debió echar mano a un incremento de importaciones netas por casi un punto del PBI y a una reducción de inventarios por 2,64 puntos. No caben dudas, pues, sobre el derrame internacional y la continuidad que tendrá el avance del PBI. ¿De dónde extrajo la demanda tanta potencia? El megapaquete fiscal de Biden se aprobó el 10 de marzo (y sus pagos comenzaron a distribuirse en la última quincena del trimestre). Hay que rescatar entonces el aporte del olvidado plan fiscal poselectoral de diciembre. Sus 900 mil millones de dólares llegaron a tiempo para hacerle frente a la segunda ola de covid y facilitaron una fuerte reacción en enero. Para hacerse una idea cabal de la tracción que generó la política económica conviene revisar el detalle. El ingreso personal disponible creció 61,3% (sí, no hay error, y es en términos reales). Las ventas reales finales de la producción interna aumentaron 9,2% y las que concretaron compradores estadounidenses, 9,8%. Entiéndase, el impacto pleno de la política fiscal de Biden y Yellen se sentirá recién en el segundo y tercer trimestre. La idea detrás de la iniciativa era reinstalar la economía en la senda de crecimiento de largo plazo lo más rápido posible. Resucitarla como si la pandemia no hubiera existido. El PBI real de EE.UU. se ubica ya a sólo 0,9% de su nivel máximo previo a la recesión viral. Traspasará ese umbral antes que termine junio. De hecho, el PBI nominal –que progresó 10,7%- ya superó su mejor marca. El shock deflacionario –que duró un único trimestre (el segundo de 2020) se desactivó: el deflactor del producto ascendió 4,1%. Se sabe, la inflación no le quita el sueño a la Fed. ¿Misión cumplida para la política económica? Conseguirá en un año lo que le demandó cuatro cuando estalló la crisis subprime. ¿No buscaba acaso que EE.UU. creciera a tasas chinas? El PBI real aumentará entre 10% y 12% anualizado este trimestre. El consenso espera 9% (y el muy volátil pronóstico en tiempo real de la Fed Atlanta, 10,4%). ¿Llegó la hora entonces de peinar el freno? No. La Fed está más cerca de sus objetivos pero lejos de haberlos cumplido. El Tesoro que presentó dos nuevos planes fiscales expansivos –el de Trabajos y el de Familias- peleará por su aprobación en el Congreso en aras de impulsar una mayor actividad. El mercado de trabajo es el blanco que resta conquistar, y la brecha es enorme. Son diez millones de empleos netos que la política económica aspira a crear antes de retirarse a cuarteles de invierno. Un millón quizá se hayan agregado en abril.

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