Los precios del petróleo terminaron la semana con un salto de seis dólares el barril en Nueva York, superando la barra de los 100 dólares, impulsados por un descenso del dólar y un incremento de los temores sobre la oferta.
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El barril de West Texas Intermediate (designación del "light sweet crude" negociado en EEUU) para entrega en octubre terminó el viernes a 104,55 dólares, en alza de 6,67 dólares en relación al cierre del jueves.
En Londres, el barril de Brent para entrega en noviembre ganó 4,42 dólares, para cerrar en 99,61 dólares.
"Los precios subieron al final de la sesión, en reacción al dólar, que fue masacrado", explicó Antoine Halff, de Newedge Group.
El billete verde descendió frente al euro, negociándose a cerca de 1,45 dólar contra la divisa europea.
Un debilitamiento de la moneda estadounidense hace más atractivas a las materias primas, cotizadas en dólares, para los inversores munidos de otras divisas.
Por otra parte, los analistas observan que los inversores se orientan hacia el petróleo y otras materias primas cuando el dólar baja.
Luego de que la atención se concentrara en los últimos días en la debacle del sector financiero estadounidense, la intervención de Washington para ayudar a los bancos a deshacerse de sus activos a riesgo, permitió a los operadores concentrarse nuevamente en los fundamentos del mercado.
"Los precios están sostenidos en parte por las dificultades de aprovisionamiento, en el golfo de México pero también en Nigeria y en Azerbaidjan", estimó Halff.
La producción del golfo de México fue casi totalmente interrumpida por el pasaje de los huracanes Gustav y Ike por la región, donde se bombea diariamente 1,3 millones de barriles de crudo.
Según el departamento del Interior estadounidense, menos de 10% de la producción se había recuperado el viernes, casi una semana después del pasaje de Ike.
En Nigeria, segundo productor africano de oro negro, el principal grupo armado en la región petrolera del sur del país, el Mend, afirmó haber destruido un "importante oleoducto" del gigante anglo-holandés Shell.
Según Halff, los inversores temen por otra parte filtraciones en un oleoducto en Azerbaidjan.
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