La primera hora en baja, las dos siguientes sin demasiados cambios, las dos que siguieron dentro de la zona neutral y de ahí hasta el cierre "una fiesta" que llevó a que el Dow ganara 0,71% cerrando el día en un nuevo máximo histórico de 12.218,01 puntos.
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Hay quien quiso achacar la suba a que la inflación mayorista del último mes (un dato difundido durante la mañana) fue, desafectando alimentos y energía, la menor en 13 años, lo que dejaría el camino despejado para que la Fed comience a reducir el costo del dinero.
Si bien la noticia se reflejó en la merma de la tasa de 10 años a 4,576 por ciento, la resistencia de las tasas "cortas" a seguir este movimiento reflejó la poca confianza que hay en que esto ocurra (la chance de un recorte según los contratos de futuros quedó en 0% para enero y apenas 34 por ciento para marzo y por algo el presidente de la Fed de St. Louis salió a decir que las actuales tasas son las correctas para los actuales niveles inflacionarios).
Preocupante
Pero esto nos deriva a un tema que hace tiempo no tratamos: la inversión temporal de la curva de tasas que ronda los máximos de febrero. Con las letras del Tesoro a 3 meses pagando 4,955%, la chance de una recesión llegaría a 40% según el modelo tradicional de la Reserva Federal. Puede que así sea, puede que no, pero el tema preocupa.
Volviendo a lo bursátil, podemos como tantas veces entrar a "buscar" elementos capaces de justificar lo ocurrido para cada momento del día, pero tal vez lo más correcto sea admitir que la ola alcista no tuvo mejor fundamento que el propio apetito de los inversores por ver los precios negociándose más arriba. La mejor prueba es lo que ocurrió con las empresas minoristas, que a pesar de experimentar durante octubre una preocupante baja se posicionaron entre lo mejor del día (para peor, Home Depot, con un pésimo balance, ganó 4,3 por ciento mientras Wal-Mart trepaba 2,9 por ciento con el mejor estado contable en varios periodos).
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