El gobierno logró frenar ayer una rebelión en la comisión de Previsión Social de Diputados, provocada por los peronistas y el ex chachista Alfredo Villalba, contra la reforma previsional. Mientras los legisladores de la oposición comenzaban a firmar un dictamen para voltear la reforma, la frepasista María América González llegó con una fotocopia del decreto que posterga sin fecha la entrada en vigencia del nuevo régimen de jubilaciones.
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Con el aval de Fernando de la Rúa, la resolución establece que habrá una prórroga por 90 días, en caso de que sea revocada la medida de no innovar dispuesta por la Justicia, todavía en vigencia. Hasta nuevo aviso -o la sanción de una ley, que será el paso siguiente-regirá el actual sistema.
En ausencia de radicales y frepasistas que todavía se reportan en la Casa del Frente, Villalba y la cordobesa Martha Alarcia (PJ-Córdoba) promovieron una embestida contra el decreto 1306/'00, alentados porque el Poder Ejecutivo no había cumplido hasta el inicio de la reunión de comisión con la suspensión prometida. Todos los presentes asintieron, salvo Marcela Bordenave que se hizo la distraída. La viuda de Germán Abdala parece resistirse a dejar a Carlos Chacho Alvarez, aunque esté haciendo todo lo contrario de los principios que compartió en los '80 con su marido.
Hace una semana, la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, propuso a los aliancistas María América González y el radical Eduardo Santín, entre otros-y al cavallista Guillermo Alchouron congelar la reforma hasta que el Congreso consensuara una nueva ley.
El gobierno se demoró en promover la suspensión y puso a la misma González en una situación incómoda. La frepasista había anticipado que, si en la víspera no aparecía el decreto de postergación, acompañaría un proyecto de rechazo de la reforma previsional. Para evitar sumarse al lote disidente, evitó hasta último momento participar de la cita de Previsión Social que ella misma preside. Y hasta llegó a suspenderla, con la excusa de que los legisladores debían abocarse a la nueva convertibilidad. La ausencia de Santín, que viajó a Cuba para sumarse a un congreso de jubilados, dejó al radicalismo desprovisto de abogados defensores en la comisión.
A medio camino entre su lealtad a los abuelitos y su alineación detrás de la Casa Rosada, González se refugió en su despacho a la espera de que llegara el decreto liberador. Sabía que si bajaba al recinto le reclamarían la firma al rechazo de la reforma previsional. Pudo respirar con tranquilidad cerca de las 18, cuando consiguió una fotocopia de la suspensión.
Villalba y los peronistas, sin embargo, no archivaron el despacho que habilita la derogación del decreto previsional. Si bien se trata de una cuestión meramente testimonial, podrán esgrimirla como arma en el recinto para azuzar a la UCR hasta que cobre forma la nueva ley.
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