18 de enero 2002 - 00:00

Precios: crece pelea entre supermercados y sus proveedores

Precios: crece pelea entre supermercados y sus proveedores
Los supermercadistas y sus proveedores están inmersos en una sorda pero cotidiana lucha: los minoristas, para que los fabricantes e importadores no incrementen sus precios a pesar de la devaluación; los segundos, para que las cadenas acepten negociar nuevas listas de precios.

Este tironeo, cabe decirlo, es sólo entre las grandes cadenas y los grandes proveedores: para las PyMEs de un lado y del otro del mostrador la situación es diferente porque deben aceptar casi sin chistar lo que les imponen sus contrapartes grandes.

«Con las grandes empresas estamos negociando, pero a los más chicos que vienen a plantear que quieren aumentar sus precios, ni nos sentamos a conversar»,
admitía a este diario una alta fuente de una de las mayores cadenas de supermercados del país. «A los que insisten en aplicar incrementos, directamente les suspendemos las compras.»

Sin embargo, la fuente admitió que «no sabemos hasta cuándo podremos mantener esta posición; dependerá de la evolución del dólar y de los costos. Tampoco podemos condenar a la muerte a nuestros proveedores».

Los supermercadistas tampoco están en condiciones de aprovechar la coyuntura para hacer stock de lo que venden a los precios actuales (que en dólares se han depreciado en forma considerable). La razón: la incerteza del rumbo económico y cambiario que tomará el país.

Es que hoy los gerentes financieros de las cadenas minoristas han vuelto a tomar la importancia que perdieron en la década pasada,
cuando la disponibilidad diaria de efectivo en tiempos de inflación galopante y dólar inalcanzable hacía del supermercadismo un negocio más emparentado con un banco que con un almacén.

Regreso al pasado

«En esa época se ganaba mucho más con la 'bicicleta' de pagos a proveedores y colocaciones en activos financieros que por la venta», reconoció un veterano del sector. Después, con la convertibilidad y la competencia que planteó la llegada al país de casi todos los principales jugadores mundiales del supermercadismo, las cadenas tuvieron que moverse con márgenes netos inferiores a 2%. Esto, con la inflación y la desaparición del «uno a uno», seguramente se revertirá y -como en tantos otros aspectos de la vida de los argentinos-se verificará un regreso a prácticas del pasado que parecían olvidadas para siempre.

El tema de la «bicicleta» en los pagos a proveedores ya estaría sucediendo: algunas cadenas ofrecen pagar a 70 días, pero «aceptan» adelantar ese pago a 15 días si el proveedor a su vez admite quitas de hasta 8% anual, según denuncian los propios proveedores.

Por su parte, éstos -los que por volumen y poder de marca pueden hacerlo, desde ya-también están exigiendo cobrar a plazos muy inferiores a los que estaban haciéndolo.
«Hasta el mes pasado vendíamos a 70 días; ahora pasamos a 45, pero si la situación empeora, esos plazos irán acortándose aun más», dijo un directivo de un grupo de la industria alimentaria.

En tanto, los grandes proveedores tampoco les entregan a los supermercados más que lo necesario para reponer las ventas (diarias, semanales, según el caso y el tipo de producto) por la misma causa.
«Estamos trabajando todos casi al día; nadie está fabricando más de lo estrictamente necesario», dijo un directivo de uno de los principales proveedores de productos de consumo masivo.

Los stocks que acumulan los supermercados alcanzan para abastecer sus necesidades de
entre 14 y 16 días, que es lo que venían manejando hasta antes de que se desatara la crisis. «No prevemos incrementar esos stocks», coincidieron en dos cadenas.

Del lado de los supermercados aseguran que
«son muy pocos los productos que debimos aumentar»; entre los más notables están las bebidas gaseosas, los artículos de higiene personal y los de limpieza. En cambio, los alimenticios -tanto los frescos como los elaborados-se mantienen casi sin cambios.

«Hubo intentos de dos de las principales lácteas y de una de las mayores empresas alimentarias por retocar sus listas de precios, pero luego dieron marcha atrás»,
aseguró un ejecutivo de una de las cadenas consultadas.

En este sentido, la estadounidense
Kraft Suchard (Terrabusi) anunció ayer que mantendrá los precios en pesos iguales a los que regían antes de la devaluación. También las tabacaleras dijeron que no incrementarán el precio de los cigarrillos.

Los que ya casi desaparecieron de las góndolas son las «exquisiteces» importadas; artículos que ya integraban los hábitos de consumo de la clase media (té inglés, quesos franceses, golosinas y chocolates suizos) comienzan a ser poco menos que rarezas en las estanterías.
«Sólo estamos vendiendo los stocks; cuando se acaben, será muy difícil reponer por varias razones: los precios en pesos se irán a las nubes, porque casi con seguridad esas importaciones se harán a través del dólar libre (que ayer cerró a $ 2,10)», dijo otro supermercadista consultado.

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