20 de septiembre 2007 - 00:00

Presupuesto 2008: sinfonía inconclusa

Presupuesto 2008: sinfonía inconclusa
Las proyecciones macroeconómicas que sustentan el Presupuesto fiscal 2008 repiten la estrategia de años anteriores subestimando tanto el crecimiento del PBI como la inflación, con el objetivo de contar con recursos tributarios excedentes para poder reasignarlos posteriormente sin necesidad de tener la aprobación del Congreso nacional, ya sea mediante los «superpoderes» o decretos de necesidad y urgencia.

De hecho, el Presupuesto estima un crecimiento de 4% para 2008, cuando sólo por efecto arrastre el año entrante se crecería 3%. Por su parte, el proyecto prevé una inflación de 7,7% según el IPC o de 9,8% para los precios de toda la economía. La realidad por ahora dista de un escenario de desaceleración de precios tan marcado para el año entrante, y menos sin presentar un programa antiinflacionario que los sustente.

Proyecta un superávit primario de 3,12% del PBI, revirtiendo la tendencia a la caída en el superávit primario observada en los últimos dos años. En efecto, el superávit primario de 3,5% alcanzado en 2006 se redujo a 2,3% en 2007. Al mismo tiempo, hay una subestimación de gastos que nos ha llevado a definir el Presupuesto de 2008 como la «Sinfonía inconclusa» de Franz Schubert. En efecto, tanto en sueldos como en jubilaciones sólo se circunscribe a los efectos arrastre de 2007 y no incluye ningún aumento en 2008. Este no es un tema menor desde el punto de vista legal para el caso de las jubilaciones, dado que hay una decisión reciente de la Corte Suprema que menciona la necesidad de movilidades anuales y el Presupuesto no incluye ningún aumento cuando simultáneamente proyecta una inflación en torno a 7,7% para toda la economía.

En 2007 se observó una descoordinación macroeconómica entre la política fiscal y monetaria que terminó impactando en forma significativa en el nivel de precios de la economía. El gobierno, consciente de esta descoordinación, trata de corregirla en el proyecto de Presupuesto proponiendo aumentar el superávit fiscal en un punto del PBI.

  • Arrastre

  • Si bien la subestimación de recursos otorga «vía libre» a los aumentos de gastos no presupuestados, hay que advertir que el incremento de 16% en el gasto público contemplado en el Presupuesto es, en los hechos, el piso de incremento. En efecto, el Presupuesto sólo contempla el efecto arrastre de los incrementos realizados este año no sólo en los salarios públicos y las jubilaciones, sino también en los subsidios al sector privado y en las inversiones en ejecución. Debemos tener presente que los subsidios al sector privado en 2007 en energía y transporte tuvieron un costo adicional de $ 6.700 millones, casi 1% del PBI. Además, la reforma al régimen jubilatorio adoptada en 2007 implica un déficit adicional en 2008 de 0,5% del PBI.

    En suma, como la « Sinfonía» de Schubert, el Presupuesto 2008 está inconcluso. Ni los trascendidos de la candidata oficial ni el Presupuesto nacional dan señales claras de cómo enfrentar las presiones sobre aumentos de gastos que derivan de decisiones adoptadas en 2007 y que repercuten en 2008, como es el caso de la reforma jubilatoria, de los subsidios y de las inversiones públicas en el campo energético. En este contexto, resulta poco creíble que en 2008 aumente el superávit fiscal a 3,12% del PBI.

    Las proyecciones fiscales de Econométrica para 2008 están basadas en hipótesis de crecimiento y de inflación más elevadas que las del gobierno, lo cual conduce a cifras de recaudación impositiva nominales más altas. Asimismo, suponemos un aumento de sueldos y jubilaciones de 15% a partir de abril de 2008. Con estos supuestos, estimamos para 2008 un superávit primario de 2,2% del PBI, levemente inferior a 2,3% de 2007.

  • Logros

    El presidente Néstor Kirchner se lleva consigo importantes logros en sus cuatro años de gestión, destacándose entre ellos el acelerado crecimiento económico que permitió salir rápidamente del colapso que surgió tras la implosión de la convertibilidad. Logró, además, renegociar buena parte de la deuda pública en términos favorables y reducir drásticamente el nivel de desocupación laboral. No obstante, parte de estos logros se dio en un contexto de acumulación de desequilibrios macroeconómicos importantes, que ahora salen a la luz por medio de crecientes niveles de inflación.

    Hasta ahora, el gobierno, con un «festival» de subsidios, que están erosionando rápidamente el ahorro público, logró no sólo sostener las distorsiones en las tarifas en los mercados regulados, sino también evitar que la mayor inflación impacte sobre el nivel de consumo. La dinámica de «compensar» con subsidios la inflación para que no afecte al bolsillo del consumidor tiene como límite el bolsillo del gobierno o el saturado cuadro energético, el que se agote primero.

    Por ello, mientras más tarde el gobierno en encarar un programa que permita sustituir una política de subsidios generalizados por una más focalizada y que limite los beneficios a los sectores carenciados, más aumentan las chances de que la economía termine en un nuevo proceso de ajuste que sincere las distorsiones que se fueron acumulando en la estructura de precios relativos, y en la falta de incentivos para que el sector privado invierta en las áreas privatizadas.
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