28 de enero 2002 - 00:00

Productores a la espera de precios

Luego de casi 11 años, algo irrumpió con fuerza en la habitualidad del mercado granario argentino y amenaza con quedarse.

Toda una generación de nuevos traders, que está llegando a los 30 años, poco o nada conoce de la terminología que utilizaban los que hoy transitan los 40: «devaluación, retención, brecha cambiaria»...

Los mercados de futuros eran hasta hace muy poco tiempo la génesis de todo el movimiento: los precios domésticos de los granos argentinos surgían de sus cotizaciones. De ahora en más, la importancia de esta plaza languidece ante el «corralito», la pesificación y las diferentes cotizaciones del dólar.

Resultará muy difícil apostar al crecimiento productivo argentino con un tipo de cambio desdoblado y una brecha que hoy actúa como verdadero dique de contención de ventas por parte de los productores. Ellos no son tontos: se les dice que el tipo de cambio para exportar sus granos creció 40%, que no habrá retenciones y así se cree que saldrán al mercado dispuestos a poner precio a sus cosechas. Sin embargo, los hombres de campo se sorprenden al observar que las cotizaciones del mercado libre duplicaron su valor en menos de un mes y atinarán a defenderse con la única arma que tienen: su propia mercadería. El productor no teme financiarse en dólares, pero pretende vender su producción en la misma moneda. Los productores de nuestro país piensan en dólares desde hace muchos años y cambiar este hábito no va a resultarles una tarea sencilla.

Un mercado cambiario desdoblado como el actual determina un doloroso retorno al pasado. Se terminarán las proyecciones a mediano y largo plazo y el sector se empobrecerá aún más. No resultaba nada extraño verificar cómo los productores habían adquirido una avanzada cultura en los mercados de futuro. Arbitraban posiciones con muchísima antelación, con mayor intensidad, incluso, que los productores de otros países de avanzada en el uso de estos instrumentos. Productores, acopiadores o exportadores tomando posiciones 15 o 20 meses por delante. Muchos que no habían terminado de cosechar la soja de esta campaña y ya habían puesto precio a aquella que iban a sembrar dentro de más de seis meses. El Mercado a Término (MAT) llegó a tener una posición de trigo nuevo cotizando en junio, cuando aún no se había sembrado y otra para la cosecha del año próximo; no se había aún generado la semilla que iba a dar origen a la otra siembra. No resultó casual, entonces, que el mercado haya pasado de negociar apenas un millón de toneladas a algo más de 20 millones en el ejercicio terminado en junio del año anterior, con picos operativos anuales de 25 millones de toneladas.

• Incertidumbre

La programación en un mercado dolarizado, libre y único es moneda corriente; intentar algo parecido en una plaza con brecha entre diversos tipos de cambio es prácticamente imposible. Nadie anticipará decisiones bajo esas condiciones y tampoco podrán los exportadores programar su logística comercial. Los productores se convertirán en vendedores «de la mano a la boca» a la espera del inevitable nuevo ajuste en el tipo de cambio. Mientras tanto, sólo realizarán lo imprescindible, nada más. La incertidumbre con respecto a la marcha del precio de la divisa condicionará de modo decisivo las ventas a futuro. Los volúmenes operativos declinarán en consecuencia, en el único país en el cual estos mercados resultan vitales. En efecto, una herramienta como el MAT en un país sin precios mínimos, programas de gobiernos ni subsidios constituye la única información fiable sobre la marcha de las cotizaciones.

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