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7 de marzo 2008 - 00:00

Puerto Madero insólito

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Hay una expresión barrial y groseramente irreproducible para explicar lo que hicieron los desarrolladores Gabriel Mintzer y Daniel Mayo con el terreno que habían comprado para un megaemprendimiento en Dique 1 de Puerto Madero, al que nombraron con la críptica marca «5411», por el código telefónico internacional de Buenos Aires.

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Desde el lanzamiento del proyecto, G&D comenzó a vender unidades y firmó casi un centenar de boletos, pero aún no contaba con la aprobación de los planos por parte del Gobierno porteño. Ese trámite demoró más de 18 meses, lapso durante el cual seguramente gastaron lo recaudado por esos boletos en publicidad, y en la construcción y el mantenimiento del fastuoso «showroom» que se yergue en el Dique 1. La aventura, sin embargo, finalizó con la venta de las tierras (se dice que en u$s 40 millones) a otro grupo casi tan ignoto como el G&D que habían conformado, y cuyo principal activo es la explotación del Cerro Bayo.

  • Jóvenes empresarios

  • Este grupo, llamado Proideas, como para continuar con las analogías con G&D, es de dos jóvenes empresarios, con la única diferencia de que sus titulares se llaman Alejandro Belluscio y Julián Aróstegui, y no Mintzer y Mayo.

    Según fuentes del mercado, Proideas habría anunciado a los más de setenta inversoresque concurrieron a una asamblea el viernespasado en la que se decidió la venta de las tierras que sus socios y desarrolladores serían Creaurban, la empresa que fue de Franco Macri y que desde hace un año es de su sobrino Angelo Calcaterra.

    De acuerdo con lo que pudo averiguar este diario en las cercanías de Calcaterra -que fue invitado por Aróstegui y Belluscio a participar del emprendimiento- habrían firmado un boleto para comprar parte del emprendimiento. El acuerdo definitivo se demora porque existen dudas de que Proideas tenga las espaldas suficientes para reunir los u$s 150 millones (entre terreno y construcción) que harán falta para completar el proyecto.

    La primera tarea de los flamantes propietarios de las tierras, en tanto, será conformar al casi un centenar de compradores que creyeron en la promesa de Mintzer y Mayo de levantar un complejo de departamentos, un hotel, oficinas y un centro comercial, y que aportaron fondos como adelanto para la construcción en la famosa y cada vez más cuestionada modalidad de «venta en el pozo». De todos modos, el humor del barrio dice que «lo único que van a construir estos muchachos es un pasamanos». A buen entendedor...

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