¿Qué hacer para evitar el default?
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Entender el problema es también ver las otras alternativas: a) que en el exterior vean que efectivamente, sin leyes tan drásticas -políticamente casi insancionables-vamos adquiriendo capacidad de pagar por lo menos los vencimientos de la deuda pública. Esto -a quienes no podemos engañar porque son demasiado hábiles-no tiene más que una única salida: que vean una efectiva reducción del déficit fiscal del Estado argentino (está en no menos de 10.000 millones de dólares a nivel nacional, provincial y municipal). Hoy el exterior observa que Cavallo -sobre todo ahora por sus afanes políticos y cierto mesianismo que nadie imaginaba-no tiene vocación de ajustar al Estado. Su mención de los «ahorros» del sábado no son más que los mismos de la ANSeS que ya están planeados desde la época de Machinea como ministro. Nada que ver con lo que anunció, impolíticamente, pero sin mentir, Ricardo López Murphy. Como ahorro del gasto público es poco, casi nada. b) Hay que dejar de lado la imaginería. Por caso que Europa «nos va a salvar», como invoca Cavallo, cuando el único que se jugó con cierta fuerza hasta ahora es George Bush y más por gestión de De la Rúa que del ministro. c) También es imaginería creer que si el Tesoro de Estados Unidos nos da los u$s 10.000 millones, que aseguran las versiones, el problema está resuelto. Apenas si se postergaría el drama unos meses (aunque le serviría a la Alianza para pasar las elecciones del 14 de octubre próximo). No sería más que una solución pequeña, efímera. Es mucho más importante, como dijo públicamente, que el mismo Bush intercediera ante los organismos internacionales. d) O Cavallo recompone la imagen hoy deteriorada o se busca quien sea capaz de inspirar confianza en el sentido de que efectivamente queremos cumplir nuestras obligaciones internacionales y que estamos haciendo esfuerzos serios. e) La otra alternativa a tener en cuenta es que no se sale de esta crisis sin algún costo político. O lo tenemos por sancionar una «ley de crédito público», que puede terminar, como se señaló, en la posibilidad de tener que pagar internamente en vales o bonos por falta de pesos o por un ajuste severo y, por lo tanto, también impolítico en el gasto publico. f) La otra alternativa -que el orgullo de Cavallo hoy impide afrontar-es hablar con franqueza (por alguien creíble, desde ya) de una reestructuración de los pagos de vencimiento de la deuda externa. Hablar de esto ya de por sí pone a la Argentina en la situación clara de querer cumplir sus obligaciones.
2) Anunciar que el gobierno retira del Congreso el inoportuno proyecto de ley para incorporar el euro a la paridad del dólar. Ese torpe anuncio desató la actual crisis de mercados que se sumó innecesariamente a la crisis ya instalada en la Argentina. «Si el Congreso no aprueba el cambio no pasa nada», dijo Cavallo al anunciarlo restándole importancia. Pasó de todo pero el ministro reaccionó aferrándose a lo que era un simple anuncio.
4) Confirmar a Pedro Pou como presidente del Banco Central pero aceptando lo que este funcionario ya concedió: 500 millones de las reservas del país, los 2000 millones de dólares en títulos sustituyendo esa misma moneda de los encajes de los bancos con el Central. Pero no más. Pou es hoy el único funcionario argentino que puede asegurar cierta tranquilidad a los mercados e impedir que se ahonde aun más su derrumbe. Su defensa de las reservas del país es admirada y respetada en lo inter-no y en lo internacional. También es necesario confirmar al actual directorio del Banco Central que ofrece imagen de independencia del organismo rector de la moneda argentina. Igualmente se respeta de Pou y de su directorio la férrea oposición al uso no convenido de los encajes y reservas por parte de Economía a través de un decreto que sería inconstitucional. Por lo menos, no está comprendido dentro de los poderes especiales que concedió el Congreso al Poder Ejecutivo. El reemplazo de Pou por un cavallista como Horacio Liendo -éste no podría por la causa judicial pendiente de la caída del Mercobank que presidía-o Adolfo Sturzenegger quitaría toda seguridad sobre uso discrecional de los resguardos financieros de la Argentina. El juego hoy de Economía es coordinar con Mario Losada, presidente provisional del Senado, cómo vol-tear a Pou esta misma semana. Es un grave error de consecuencias temibles.
6) Enfrentar con dureza -el»liderazgo fuerte» que le aconsejó George Bush a De la Rúa en una de sus dos conversaciones-para sostener este nuevo giro tendiente a alejar a la Argentina de la posibilidad de un default.
8) Cavallo debe ser mantenido bajo un control estricto del Poder Ejecutivo, como inició Chrystian Colombo el sábado por orden del presidente De la Rúa. Además, el Presidente debe comenzar a sumar a primer plano, como hizo con Nicolás Gallo, a figuras opacadas en este primer mes de Cavallo como Adalberto Rodríguez Giavarini y Ramón Mestre.
10) También debe asumir el gobierno -como comenzó a hacerlo este fin de semana-la pérdida de temor al «portazo de Cavallo». Este ya no cuenta con el apoyo de Carlos Menem, de parte del justicialismo y desde hace 48 horas no mantiene diálogo con el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota, que fue su principal sostén político, además tampoco habla con Reutemann. Sí lo hace con el bonaerense Ruckauf y Eduardo Duhalde, pero es muy poco. O sea el actual ministro ya no cuenta con el amplio consenso político que tuvo al asumir hace un mes y también se lo restó al gobierno de la Alianza.
Ayer comenzaba a mencionarse la posibilidad de Rodríguez Giavarini como ministro de Economía. Es un técnico como López Murphy pero diplomático (hoy es canciller). No es solución quimérica frente a «portazos» si el resguardo externo lo sigue dando Pedro Pou desde el Banco Central. En una crisis los mesurados son los mejores.




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