23 de octubre 2008 - 00:00

¿Recesión en L del gran macroeconomista?

Cuesta creer que por dificultades menores para completar el programa financiero de 2009, que podían resolverse con una combinación de mecanismos « heterodoxos» del pasado (aumentar el margen de colocación de bonos en entidades y suba de impuestos) y algo de «ortodoxia» (control del gasto), el gobierno haya decidido mandar la economía a una profunda recesión y a una pronunciada caída en su tasa de crecimiento potencial.

Comencemos por observar que la magnitud del daño puede ser tal que los problemas de financiamiento sean muy superiores en el corto plazo a lo previsto antes de la estatización. En efecto, un frenazo brusco de la economía ( pasando de crecer casi 7% a un número negativo) implicaría una caída real en la recaudación de impuestos y, por lo tanto -a menos que se compense vía una fuerte devaluación, mucha inflación o mayores impuestos-, el superávit tenderá a esfumarse, ya que el gasto primario es menos flexible.

  • Caída

  • Es cierto que los aportes y contribuciones se computarán desde 2009 como ingresos por arriba de la línea (lo que aumenta el superávit primario registrado, lo demás constante). Sin embargo, el financiamiento cae en la magnitud de lo que se deja de colocar en AFJP, es decir alrededor de la mitad de lo que se recauda (la parte que cae «debajo de la línea»).
    También es cierto que el Tesoro puede apropiarse de los fondos -controlados por una comisión del Congreso- colocando un bono a tasa cero y vaciando en poco tiempo esa caja.

    Esa fue exactamente la estrategia adoptada en el pasado. También sabemos que una cosa es vender los bonos y acciones en el exterior (menos de 2 mil millones de dólares), porque ello no tiene efecto doméstico negativo. Por el contrario, liquidar fideicomisos, bonos y acciones domésticas tiene un efecto de crowding out sobre el sector privado (a menos que ingresen fondos externos).

    El lado expansivo con que sueñan los políticos sería muy limitado, si no fuera por el hecho de que el Estado nacional puede rolar automáticamente la deuda pública que quedó en su poder. En otras palabras, el Estado logrará esquivar el default sobre algunos tenedores de bonos, a costa de defaultear otra deuda (la de los que tenían esos y otros activos en las AFJP). Un «canje» obligatorio más.

    Esta «expansión económica» por vía de un aumento del gasto público de -a lo sumo- uno o dos puntos del PBI, sin embargo, puede ser más que compensada por una salida de capitales que lleve a una caída mucho mayor de la inversión privada. Tasas de interés y riesgo de default más altos son señales que anticipan no ya una desaceleración, sino el desplome de la inversión privada. En los próximos meses veremos un derrumbe de las importaciones de bienes de capital, y aún cuando las expectativas de devaluación sugieren anticipar compras, es probable que el apetito por importar desaparezca.

  • Perpectiva

    El corto plazo ya venía negativo por la pérdida de términos del intercambio; ahora tasas y riesgo más altos inducidos por el pánico a nuevas «capturas» de activos, junto con las crecientes expectativas de devaluación, no son un escenario propicio para el desarrollo del mercado financiero. La constante venta de reservas en el mercado spot y en los futuros, con pérdidas crecientes para el Banco Central, no hace más que alentar estas expectativas. El empleo, a su vez, está dando señales de anticipación de un dramático punto de giro del ciclo económico: en lo que va del corriente año, la elasticidad empleo-PBI cayó a 0,25. Con un crecimiento esperado de la economía nulo o negativo, sólo los planes oficiales y el empleo público serán expansivos.

    El mediano plazo presenta mayores incógnitas, vinculadas a que parte del «aire» fiscal que se logrará para 2009, se debilitará. Para el largo plazo, las perspectivas son aún más sombrías, en términos del costo que llevará revertir estas políticas, y el formidable deterioro fiscal. El nuevo sistema de pensiones nace quebrado básicamente en términos de la relación activos/pasivos. Más grave aún, los incentivos son a escaparse del nuevo sistema, como siempre ocurrió en reparto. Los 14 años de experiencia conjunta de reparto y capitalización muestran que la evasión creció más en reparto: entre 1995 y 2005 (para excluir períodos de moratoria), la relación de aportantes a afiliados cayó de 70% a 30% en reparto, mientras en capitalización cayó de 53% a 40%. Volverán entonces las moratorias (ya existe una moratoria permanente), algo erradicado del diccionario de un sistema de capitalización. Y con ello volverá el fraude en su diversas formas: moratorias, invalidez, años aportados, etc., ya que la propiedad de los activos se habrá socializado.

    En suma, con una jugada muy riesgosa, el gran macroeconomista (como ha sido llamado) ha mandado a la economía a una recesión, y puede llevarnos al estancamiento por bastante tiempo. Hace poco Nouriel Roubini señalaba que la economía mundial se enfrentaba a un ciclo que podía adoptar más que una forma de V (salida rápida) o de U (salida más lenta), la forma de L ( depresión a la japonesa). Hoy parece que la administración está decidida a instalar la L en la Argentina.
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