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8 de octubre 2008 - 00:00

Redrado: "No vamos a devaluar como otros"

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Habló el titular del BCRA sobre la crisis. Prometió Redrado no acompañar el ritmo de devaluación de Brasil, algo que reclama la UIA.
«No es aconsejable acompañar con devaluaciones a otros países vecinos». Con esta frase respondió ayer el presidente del Banco Central, Martín Redrado, a los pedidos que hacen desde el sector empresario de ubicar al valor del dólar en un nivel más alto para paliar la pérdida de competitividad en las exportaciones dada por la desvalorización de las monedas de Brasil y Chile.

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En las últimas semanas de turbulencias en los mercados del mundo, el real brasileño se depreció más de 40% (ayer cerró en 2,3 reales por dólar desde su piso de 1,65), y el peso chileno perdió valor en torno a 15%. Por esta razón, algunos analistas ya auguran una peor situación en la deficitaria balanza comercial con Brasil.

Sin embargo, para Redrado, la política de «empobrecer al vecino» con una devaluación mayor no es una opción que figure en su agenda. Al contrario, en su discurso de ayer ante más de 400 empresarios que se congregaron por el 90º aniversario de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham), resaltó una vez más que, intervenir en el mercado cambiario es la mejor opción para amortiguar la volatilidad. «En mi opinión como economista, estoy convencido de que la flotación administrada es la única herramienta», sostuvo, a lo que añadió: «¿Estamos preparados para que el tipo de cambio fluctúe 40% como ocurrió en los últimos días en otros países? Aún no».

El titular del Banco Central justificó su postura al señalar que «todos nos decían que lo importante es nuestra relación con el dólar. En los últimos tiempos, muchos analistas empiezan la relación con los países vecinos. Si antes no era importante mirar a los vecinos, no entiendo por qué lo tiene que ser ahora».

A continuación, los principales puntos de su discurso:

  • La significativa desaceleración de Estados Unidos y la zona euro, y la potencial ralentización de las regiones emergentes, afectarán las exportaciones de los países de América latina. Tenemos la perspectiva de que los precios de las materias primas no vuelvan a registrar alzas como las evidenciadas en la historia reciente.
    Proyectamos que América latina continúe creciendo a tasas en torno a 3,5% aunque desacelerándose respecto de años previos.

  • El mercado local posee un amplio flujo de fondos disponibles para financiar las necesidades públicas y privadas. Esta es una situación muy ventajosa, sobre todo en épocas de restringido acceso al financiamiento en los mercados internacionales, tanto para las economías emergentes como para las desarrolladas.

  • Estructuralmente, el sistema monetario y financiero argentino no está sobredimensionado para el tamaño de la economía del país. Es más, tiene amplio margen para crecer y no presenta desequilibrios fundamentales.   

  • Nada parece mostrar que el final de la crisis esté cerca. Todo lo contrario: los mercados siguen cerrados para todo el mundo y los activos no encuentran su piso. Las tasas en dólares por préstamos a tres meses treparon a máximos en el año y el financiamiento corporativo de corto plazo tuvo la mayor caída en su historia.   

  • Estamos frente a un proceso, aunque menos doloroso, sin dudas extendido en el tiempo. El error de diagnóstico fue tomar los eventos como un problema solamente de liquidez del sistema, cuando en realidad eran de solvencia.

  • El canal financiero de transmisión aumentó la correlación de las recesiones, dificultando la política económica. Esta mayor relación de los ciclos asociada a la excesiva volatilidad de los tipos de cambio generará presiones para disminuir el comercio, fuerza dinámica del crecimiento en la última década.

  • Parece que pasó un largo tiempo, pero hace sólo unos meses atrás la discusión pasaba más por las presiones inflacionarias derivadas de las materias primas que por la crisis del sistema financiero.

  • Para el futuro se proyecta una excesiva volatilidad de las principales monedas de reserva (dólar, euro) que implicará alta volatilidad de las demás monedas de países avanzados y lógicamente de los emergentes.
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