Si algo faltaba para hacer más c omprometida la situación del recinto porteño, la caída vertical de la víspera resultó un complemento tan agresivo como inesperado en tales términos. Al finalizar la sesión de otro «lunes negro», el Merval acusó 6,71 por ciento de merma y llevando la marca del índice a solamente 839 puntos.
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El viernes había culminado sobre el alambre y sostenido en los 900 puntos, como para intentar no perforar otra centena. Pero, en la víspera, el desarrollo fue un verdadero infierno y donde cada orden vendedora se incineraba en una hoguera alimentada de papel en venta. La baja parecía algo que estaba en los cálculos, visto el desempeño que se traía, otra cuestión era una rotura de pisos en tales proporciones, y como dando la sensación de no existir comprador, salvo en escalones increíblemente bajos.
Para lo que era preciso, el volumen resultó excesivo y se consumieron unos $ 58 millones de efectivo para acciones, con $ 15,5 millones en certificados. Esto habla a las claras de un deshacer de posiciones con densidad, como la seguridad de ventas forzadas por liquidaciones que no podían esperar más.
El modo de acentuar la caída, mucho mayor que en otros mercados de la región, así como una actividad de implacable succión de vendedores, de parte de una demanda exigente. Río muy revuelto y necesidad de ponerle un dique: pero también hay otras necesidades...
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