7 de marzo 2022 - 00:00

¿Cómo sancionar a Rusia y no zozobrar en el intento?

Es llamativo que la cruzada del presidente Biden no consiga el guiño de Arabia Saudita, su mayor cliente militar, que prometa más crudo de la OPEP. Si se quiere castigar a Putin se premiará a otros villanos. Un acuerdo nuclear con Irán, y el fin del bloqueo, obra también en carpeta.

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Las finanzas son un arma de guerra, titula Financial Times. No es la OTAN la que castiga a Vladímir Putin tras la invasión a Ucrania, es la “arquitectura del sistema financiero global que está pulverizando su economía”, afirma Lloyd Blankfein, ex CEO de Goldman Sachs. Después de la anexión de Crimea en 2014, Rusia construyó una fortaleza financiera independiente. Su epicentro: el Banco Central y sus más de 600 mil millones de dólares en reservas (distribuidas en su mayoría en activos distintos del dólar), una pulcra política monetaria y fiscal, y superávits gemelos. La visita a Xi Jinping, el 4 de febrero, completó el diseño estratégico antisísmico. Un par de días antes, Gazprom terminó los estudios del ducto Soyuz Vostok para proveer 50 mil millones de metros cúbicos de gas por año al mercado chino, el de mayor crecimiento mundial. “Los que toman las decisiones en Moscú entienden que sin el respaldo de China, Rusia no podría resistir la confrontación con Occidente”, declaró entonces un profesor ruso de relaciones internacionales, Artyom Lukin.

Un mes más tarde, Putin puso la hipótesis a prueba. En un par de días, Occidente (si cabe el término) dejó fuera de combate el bastión de la autarquía. ¿Falló el estudio de arquitectura del sistema? El análisis estático era correcto, erró en la dinámica. Crimea 2014 no fue un buen modelo, una línea Maginot no sirve. Bye bye, Angela Merkel. Perder el sostén de Alemania fue clave. Las sanciones se precipitaron como una salva compacta directo al corazón de las finanzas (y la economía) rusas. China no dijo esta boca es mía. No se pliega a las medidas pero tampoco las desafía. Que el G7 congele los activos de otro banco central del G20 es inédito. ¿Y qué decir de la decisión de desconectar a Rusia del sistema Swift? ¿Es, en verdad, el botón nuclear? No se tocó ninguna tecla radiactiva, es un mito. La medida rige recién a partir de hoy (dio tiempo para redirigir los flujos). Solo siete bancos están alcanzados. Todas las sanciones excluyen a la energía. La idea no es fabricar una crisis petrolera, aunque muchos insisten.

Simon Johnson, por caso, subraya que la Unión Europea, Gran Bretaña y los EE.UU., transfieren cada día 500 millones de dólares a Rusia por sus compras de combustibles. “Hay buenas razones para creer que Rusia no podrá soportar un embargo a su energía”. Tiene razón. Es más, también será difícil para Occidente superar el trance. Se trata de otra hipótesis de rápida contrastación. Sin que medie un embargo, brotó el caos como efecto colateral de la fiebre punitiva. Las refinerías no compran petróleo ruso. Los bancos no financian los embarques. Nadie quiere quedar pegado. Ya no se precisa apretar nada: la inercia destruye. Y amenaza la cadena de pagos. Al principal banco ruso Sberbank se lo mantuvo dentro de Swift. ¿La razón? El temor por la suerte de sus subsidiarias en Europa. Sberbank AG, su controlante austríaca, ya está en liquidación. No resistió la corrida de sus depositantes. Nada menos nuclear y más convencional. Basta ver la cotización (suspendida) de los conglomerados gigantes rusos en Londres para darse cuenta (la Bolsa de Moscú cerró). La deuda rusa, y los activos, son basura, pero, ¿quién pagará los platos rotos? En 2008, Lehman y las hipotecas subprime eran de los EE.UU., la crisis financiera fue global. Se lanzó un búmeran. Gordon Gekko inspeccionó los mercados monetarios el martes y no encontró daños. Zaporiyia en llamas, un exabrupto nuclear de Putin, hurgó la herida. El viernes, el spread de tasas fijas y flotantes en alza, y otros indicios, prendían una luz de alarma. No en Moscú, en Washington. Pasadas las seis de la tarde, el Tesoro de los EE.UU. salió al ruedo: “las actividades vinculadas a la energía –incluyendo la compra, venta y transporte de petróleo, gas y otros productos de energía de origen ruso- están permitidas”. La energía rusa está eximida hasta el 24 de junio. O sea, hasta encontrar otras fuentes convenientes. Es llamativo que la cruzada del presidente Biden no consiga el guiño de Arabia Saudita, su mayor cliente militar, que prometa más crudo de la OPEP. Si se quiere castigar a Putin se premiará a otros villanos. Un acuerdo nuclear con Irán, y el fin del bloqueo, obra también en carpeta. Wall Street está en vilo. El shale viene en camino. Putin se atascó en Ucrania, la guerra relámpago fracasó. Ya creó su propio Afganistán. La blitzkrieg financiera tuvo éxito rotundo. Tanto que hay que moderar su frenesí, y restablecer el foco para que no se convierta en un tiro en el pie. O, más bien, en una bomba racimo.

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