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21 de agosto 2007 - 00:00

Se abre el juego y debe ser recio

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Ingresamos hoy al circuito del vértigo, con la ventaja de saber acerca de lo que sucedió ayer. Pero todo está tan deshilachado que ya no se sabe si lo hecho tendrá continuidad o cambiará radicalmente la situación. Casi la mayor seguridad semanal es que el devenir bursátil mundial será de actitud recia: que puede esto involucrar un signo o el otro, pero la lucha, la fricción de órdenes y el entrarle con todo a cada operación perfilará la actitud de los participantes. Lo menos pensable que puede ser, una tercera posición, es que se produzca una meseta suave. Hay un tremendo descalce en las posiciones a lo largo de varias ruedas, enormes cruces de posiciones hasta de unos a otros recintos mayores, que la calma no parece revistar entre los condimentos de mercado.

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Lincoln definió muy bien cuál era su posición cuando deslizó: «No me importa quiénes eran mis abuelos, prefiero saber quiénes serán mis nietos». Nosotros lo tomamos y lo reciclamos, como para dejar de hacer «autopsias» sobre sucesos conocidos y procurando sondear cómo podría resultar el próximo camino de los mercados.

  • Papel & dinero

  • Perogrullo lo haría sencillo: según prevalezca «papel» o «dinero», así resultarán los cursos de los índices. Pero el verdadero problema es no saber cuánto más «papel» hay para liquidar con presiones. Y cuánto «dinero» dispuesto para poder absorberlo bien. O si los operadores pesados quieren seguir dando ajustes al tornillo, hasta que la Fed les conceda su máximo deseo: referido a las tasas. En tal caso, puede haber fuego picado, reacciones sucedidas de recaídas (las que más daño hacen) y un fogonear los temores e incertidumbres de los inversores en procura de un objetivo superior. Nadie dude que en esto no hay piedad que valga, menos todavía cuando se dio juego de pileta y nadie se quiere ahogar. El Merval mirará y obrará en consecuencia, tratando de acentuar lo bueno, cuando pueda. Y la Bolsa, en la trinchera.

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