Si algo surge de visto en los últimos días es que la política no es esclava de la economía.Los escándalos en el Congreso norteamericano no sólo han desarticulado la campaña republicana para las próximas elecciones legislativas (asentada en la guerra contra el terrorismo y los mayores " méritos" morales y personales de sus candidatos) sino que por primera vez en doce años han volcado la preferencia del sistema financiero (medida por sus contribuciones) hacia los demócratas, colocándolos a un tris de hacerse de la mayoría tanto en la Cámara baja como en la alta (algo que parecía imposible un par de semanas atrás).
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Es cierto que faltan cuatro semanas para la elección y que el resultado final depende más de las ganas que tengan los sectores más conservadores de perdonar e ir a votar que de lo que hagan los demócratas, pero como vienen barajadas las cartas hasta ahora, parece que al mercado no le importaría demasiado que pierdan los correligionarios de Bush.
Esto explica por qué se puede atribuir la baja que experimentó el Dow en la última rueda (retrocedió 0,14% a 11.850,21 puntos) a los "flojos" números del sector laboral, al anuncio de una disminución del crecimiento del PBI, a la amenaza de pruebas nucleares por Corea, a que hoy "descansa" el mercado de bonos, a un "ajuste" tras los récords, etc., pero especialmente a que Kirk Kerkorian no incrementará su tenencia en General Motors (excluyendo este papel, el Dow hubiera quedado ganador).
Mañana Alcoa arranca la "temporada de balances" (pesarán más las proyecciones que las ganancias); si vemos que a pesar de que la tasa a 10 años subió a 4,7%, el Dow ganó 1,47% en la semana, el precio del petróleo bajó a u$s 59,76 por barril y el dólar se mostró firme en 119,01 yenes y u$s 1,2595 por euro, el panorama no luce inquietante. Claro que esto es mirar hacia atrás. Para adelante las cosas son siempre diferentes.
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