Sumando, restando, promediando, ponderando, el batido de subas y de bajas semanales, dejó como residual global solamente 1% de saldo positivo. Y lo que para la estadística quedará como un período «estable», muy sobrio, en las vivencias de recinto y operatorias, será recordada como una de las más frenéticas en eso de cambiar de rumbo sin aviso previo. Espejo de una realidad de país, y de economía, que viene sumando señales contradictorias acerca de cómo resultarán -al menos- los primeros pasos, de un gabinete que no tiene muy en claro qué tipo de políticas aplicar. Un detalle puede demostrar el descalce de intenciones: a partir de un ministro de Economía que firmó acuerdo con el Fondo, en enero, donde se comprometió a instaurar la ejecución de morosos. Y que ahora, sale a pedir «perdón» ante una nueva prórroga no vetada. No aparece como un buen inicio para conseguir favores, necesarios, de organismos y acreedores.
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Como se pudieron enganchar un par de ruedas alcistas, despegando el Merval de la órbita de los «600» sobre la que parecía querer aterrizar, en la última fecha el índice fue velozmente a los «673» puntos de máxima, con el anterior en «658». Pero, no duró esto, reconociendo mínimo de «651» y cierre en «653», con merma de casi 0,8%. Muy abierta la brecha «572-651», mientras el volumen para acciones se mantuvo en las alturas, con unos $ 34 millones en acciones y sólo $ 4 millones en CEDEAR, pero que si bien alcanzaron para el ímpetu inicial, después no pudieron asimilar las prestas tomas de utilidad, que denotaron lo que está escrito desde hace tiempo: el escenario de un festival del cortoplacismo entusiasta, propio de cuando no hay estímulos de fondo certeros. Lo que la economía no da, la Bolsa no presta.
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