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Felipe Solá
«Quiero ser justo: tenemos prioridades», argumentó Solá en referencia al pago de salarios a los empleados y el uso de fondos para dotar de insumos básicos a áreas sensibles del Estado como los hospitales públicos.
Esas voces aseguraron que el subsecretario de Ingresos Públicos, Santiago Montoya, bajo la fiscalización del ministro de Economía, Jorge Sarghini, diseñó un «novedoso» programa recaudatorio y antievasión.
La preocupación es válida. El año pasado, Buenos Aires facturó alrededor de 3.500 millones de pesos, casi 15 por ciento menos que en 2000. Este año arrancó mal: en enero la caída roza 40 por ciento.
Por eso, Solá experimentó una mutación. Hace días suplicaba a los contribuyentes que paguen los impuestos; ahora amenazó -y promete cumplir- con salir a husmear en los registros contables de los grandes contribuyentes.
Tampoco descartó un recurso más extremo: difundir una lista donde figuren pelos y señales de los morosos fiscales de peso (ya los del Banco Provincia circulan profusamente por los despachos oficiales).
Ayer, en La Plata, debutó en el rubro: denunció «presiones» de la empresa Ferro Expreso Pampeano, propiedad del grupo Techint. «Pretende que les paguemos una deuda» que no reconocemos, dijo sin más detalles.
En paralelo, prometió «agilizar» la comisión creada para cobrar los 1.100 millones de pesos de deuda «sucia» (alguna con mal olor) que el Estado bonaerense, aun con Carlos Ruckauf, compró al Banco Provincia para sanearlo. Todo se explica en un mismo movimiento. Solá programó (y empezó a aplicar) un drástico recorte en el gasto bonaerense, básicamente a partir de reformas en materia salarial y de empleados públicos.
• Compensar
El gobernador entiende que esa poda se debe compensar con otros gestos: un fuerte ajuste en la política (ver vinculada) y mayor control impositivo sobre sectores de alto rango; los contribuyentes top (grandes empresas, countries, etc).
En ambos casos, reaccionó Solá, la preocupación es una: el problema del caos bonaerense no es sólo el desmesurado rojo fiscal sino la pésima gestión en materia de recaudación. Una obviedad.




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