Otro amigo o adherente de Néstor Kirchner, el sindicalista Juan José Zanola (bancarios), ha prometido paros en los próximos días. Reclama, por supuesto, incremento salarial. Se inscribe en la nómina de otro amigo o adherente del mandatario, Hugo Moyano (camioneros), quien hasta anoche tenía en vilo a los supermercados y al público porque no transportaban envases a pesar de un incremento salarial de 30% (que se suma a un 86% que el mismo sindicato obtuvo en los últimos 24 meses). Si así actúan los amigos -los que en público gastan dinero recomendando votar a Cristina de Kirchner-, ¿cómo procederán los gremialistas que no respiran exactamente el aire oficialista? Interrogante para la economía, para el dato de inflación, la forma en que empiezan a propagarse los conflictos laborales y, sobre todo, la escasa capacidad gubernamental para contener la presión de ciertos sindicatos. Inclusive, la de los más amigos. Ya que el gobierno ha presionado a las empresas para que concilien, objetivo que logró (basta ver, por ejemplo, lo que las embotelladoras les han concedido a los camioneros en el ciclo de Kirchner), pero ha fracasado en su presión sobre los gremios para que suavicen la protesta.
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Ni siquiera logró tiempo, ya que no estaba en el deseo de la Casa Rosada que los episodios de paros, huelgas y falta de colaboración ocurrieran antes de los comicios del 23 de octubre. Falla notable de conducción en Kirchner a la hora de la verdad sobre los sindicalistas amigos.
Esta porosidad oficial para no controlar los conflictos y, además, autorizar incrementos peligrosos, inquieta al Ministerio de Economía, por no hablar de los empresarios. Pero, claro, éstos disponen de experiencia y ductilidad para adaptarse a la inflación, lo que no es transmisible al gobierno ni a Roberto Lavagna. Es en esa cartera donde comienzan a presentarse dudas sobre la real capacidad oficial para enfrentar planteos, porque se reconoce que ciertamente Kirchner pudo amortiguar o convencer a los piqueteros (nadie pretenderá conocer la cantidad de argumentos) en la etapa previa a las elecciones, pero en cambio parece impotente para sujetar a los sindicalistas, incluyendo a los que se proclaman como más amigos.
Algo semejante ocurrió con los políticos del Congreso de la Nación, con los legisladores que últimamente se le pusieron de punta. Lo curioso es que las encuestas señalan como corruptos a los sindicalistas y a los dirigentes políticos, mientras imaginan como incorruptibles a los dirigentes piqueteros. El tema, sin embargo, no es la existencia de la Banelco para un sector u otro, sino una progresión del avance sindical que amenaza la estabilidad económica.
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