Sobredimensionan caída de productividad
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P.: Hay un gran aumento de productividad en la fabricación de PC, pero no tanto en las empresas que usan esas PC.
G.G.: Esa es la idea. Tome las cifras del año 2000 (para eliminar las aberraciones que pudiera haber en el informe del primer trimestre de 2001). La productividad de la industria de bienes durables creció 10%. La de bienes no durables trepó sólo 3,2%. Es una brecha muy amplia y sistemática.
P.: ¿Ello qué implica?
G.G.: Primero que la composición de la demanda final incide mucho en la lectura de productividad. Asistimos a una contracción de la inversión, del gasto en bienes de capital. O sea un recorte en la producción del sector donde la productividad crece más rápido. Segundo, en la medida que para el usuario final las mejoras de productividad no sean tan acentuadas, esta reducción en el gasto podría perdurar más de lo que se piensa.
P.: Volvamos a la coyuntura. La productividad cayó, pero los salarios siguen en ascenso. La presión sobre precios se debería incrementar.
G.G.: Los costos laborales subieron 5,2%. Como la productividad cayó 0,1%, no pudo moderar su impacto negativo sobre resultados. Compare con la historia de 2000. Los costos laborales subieron 5,1%, pero a su vez, la productividad avanzó 4,3%. Corregidos por el efecto benéfico del aumento de productividad, los costos laborales unitarios treparon sólo 0,7%. Fíjese que con incrementos similares en las retribuciones, en todo 2000 y en el primer trimestre de 2001, surgen dos impactos bien distintos.
P.: Tarde o temprano esto se traduce en empresas trasladando ese impacto a precios. ¿O me equivoco?
G.G.: Más tarde que temprano. Lea los diarios. Todos los días, las compañías anuncian despidos y cierres de plantas. Hay un esfuerzo evidente por mejorar la rentabilidad por la vía de aumentos en la productividad. Subir precios no es tan sencillo y menos, si la demanda que uno enfrenta se repliega. O sea que el primer impacto es una erosión inevitable en los márgenes de ganancia. Pero, como usted sugiere, ajustar precios es una alternativa para zafar del brete. El informe muestra un aumento en precios de 2,5% frente a un ritmo de 1,6% en la medición anterior.
P.: Los salarios deberían comenzar a ceder.
G.G.: Lleva tiempo. Hay rigideces, contratos de largo plazo. De hecho, el informe de empleo, muestra una aceleración en los salarios en línea con lo que refleja el reporte de productividad. Es un ritmo que lleva prisa, que corre por encima de 5%.
P.: No deja de ser curioso. La tasa de desempleo ha subido más de medio punto desde octubre.
G.G.: Los salarios de hoy tienen más que ver con la fortaleza de ayer del mercado de trabajo que con la economía que uno puede vislumbrar para mañana. Siempre han sido una variable rezagada. Pero me parece que las retribuciones, esta vez, han comenzado a caer más rápido que de costumbre.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Muchas firmas atan remuneración a la evolución de sus ganancias. En una proporción significativa. Ya sea porque pagan un «bonus» en efectivo calculado sobre las utilidades o porque pagan (en parte) con acciones o con opciones de compra de acciones.
P.: Las empresas de Internet eran el máximo exponente.
G.G.: Aún sin tomar el caso extremo, es una práctica generalizada. Ese componente de la remuneración ha ajustado ya de manera violenta. Como no se lo mide en las estadísticas usuales del mercado de trabajo, no se lo percibe con nitidez. Pero, pierda cuidado, el trabajador afectado, no necesita que usted se lo advierta para percibirlo.
P.: No debe ser una posición fácil para la Fed. Si baja las tasas facilita la supervivencia de las presiones salariales.
G.G.: Y su traspaso, lento, pero persistente a precios.
P.: Si no las baja, corre el riesgo de que la economía caiga en una recesión.
G.G.: Y lo que es peor, quedaría como el principal culpable.
P.: No hay una salida cómoda.
G.G.: Hay que tomar una decisión. Que, de hecho, conforme a su accionar reciente, la Fed ya parece haber tomado. La baja de 223 mil puestos de trabajo en abril, según el último informe de empleo, es la coartada ideal. Es la evidencia que permite un recorte de tasas sin enervar, siquiera, al mercado de bonos, que es siempre el primero que desconfía del celo estabilizador de los banqueros centrales...




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