Para muchos fue una sorpresa la aparición del hijo de George Soros, Jonathan, en la reunión con Néstor Kirchner. No es costumbre en esa familia tal exposición pública, salvo el padre -como augur- para presumir de sus personales logros económicos. Se atribuye el diálogo con el Presidente a la mediación del cónsul Héctor Timerman, quien ha desarrollado amistad con el hijo de Soros a partir de una inquietud común sobre los derechos humanos (al parecer, el joven heredero ha apoyado al diplomático argentino para un libro sobre el terrorismo de Estado).
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Del saldo de ese encuentro, se planteó el interés de Soros por posibles inversiones futuras en el país. Como si ya no las tuviera su padre, pues desde hace tiempo ha considerado a la Argentina como un lugar estratégico, especialmente para invertir en cuestiones rurales y con vistas al desarrollo del campo con relación a la energía ( biodiésel, por ejemplo). Como se sabe, esas propiedades locales se conjugan entre lo que le compró a Pérez Companc y a un grupo belga con posesiones en el país. De tal manera que hoy en la Argentina, Soros (de fondo propio, no de terceros) es uno de los primeros terratenientes del país, dispone de más de 300 mil hectáreas y unas 150 mil cabezas de ganado (de las cuales 50 mil son para explotación lechera, constituido también en el principal tambero).
Importante, por lo tanto, el anuncio de Soros para mantener su continuidad, ajeno en apariencia a los cortes de tranqueras que realiza el funcionario de Kirchner, Luis D'Elía, quien también amenaza a los extranjeros que se apropian de reservas naturales. Tal vez considera que lo de D'Elía es un accidente pasajero.