Justo cuando está a pleno la campaña presidencial de Cristina de Kirchner se decide agregar incertidumbre a los mercados. Ya, en apariencia, no hay seguro de cambio para la especulación ni otros negocios, el dólar podría no tener techo y, en consecuencia, empieza un ciclo dominado por la volatilidad. En todo caso, una volatilidad presuntamente controlada, ya que el techo lo dispondrá el Banco Central cuando se le antoje debido a sus imponentes reservas: nadie podrá enfrentar al gigante.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Parece, además , que Martín Redrado decidió aprovechar la oportunidad y abrir el libre mercado a la suba (devaluar) cuando en todos estos años sólo se imponían restricciones a la baja. Más entonces de la política «industrialista», quejosa de los altos salarios que ya perciben distintos sectores de la economía que le provoca falta de competitividad según el alegato de la Unión Industrial en cualquier comunicado. Goteo devaluatorio que ya aprecian exportadores del agro y la industria, hoy juntos como nunca en la historia según la particular versión de Cristina de Kirchner.
Es lo mismo, claro, que impuso Eduardo Duhalde (aunque en forma brutal) con la esperanza de que bajo esa protección cambiaria se recuperaría productividad. Por lo visto, pocos se interesaron en corregir sus costos, simplemente usufructuaron las ventajas de un peso estragado mientras otros vecinos, Brasil por ejemplo, se adaptó a las exigencias internacionales, crece, compite y exporta mientras acompaña la baja del dólar en el mundo. En la Argentina, al revés.
No encaja, sin embargo, este esquema con lo que pregona la senadora candidata en el exterior. Primero, debido a que junto con el dólar también sube la tasa (ya venía subiendo) y este solo hecho por lo menos advierte sobre el retraimiento crediticio (los bancos deberán revisar lo que prestaron y lo que habrán de prestar): en consecuencia,habrá un freno a la actividad económica, a esos índices espectaculares de crecimiento de los últimos años que tanto orgullo le producían al oficialismo. Algunos ortodoxos, hoy, pueden compartir esta nueva teoría que ahora representa la administración Kirchner, anticipatoria de lo que tal vez protagonice en el futuro la hasta ahora primera dama. Prueba de esto es que en el Presupuesto 2008 que se enviará el 15 de setiembre al Congreso, se contemplará un crecimiento de la economía de sólo 4%. Es cierto que siempre se fija un número bajo, pero en esta oportunidad la cifra real será cercana a 5% de las estimaciones más serias.
Tal vez, esta declinación sea parte del «cambio que recién empieza» (con Redrado como principal actor, aunque Miguel Peirano -tan afiliado a la UIA- defenderá con enjundia). Si se consolida, viene otro pecado: devaluar no sólo sirve como malla protectora de ineficientes, también facilita un juego de inflación inherente a esta política. A pesar, claro, de que la señora del Presidente haya dicho en Madrid que el país estuvo tan enfermo de inflación, tan alcoholizado, que no puede permitirse el lujo -como se afirma para los recuperados del vicio- de tomar dos copas, ni siquiera una. Formidable afirmación que se contrasta con la realidad. Ya la Argentina dejó de ser «abstemia» (con 15% de inflación anual reconocido en provincias).
En paz
Es que el ajuste cambiario de las últimas horas también sirve para que nadie del empresariado se comprometa en discutir demandas salariales: como un fácil trámite conceden las amenazantes exigencias gremiales, finalmente ellos compensan con los nuevos ingresos de un dolar más alto y viven en paz. El resto, además, se traslada a los precios, total el INDEC dirá que éstos no suben (por lo menos en la Capital Federal y conurbano, ya que en el interior del país se duplica cualquier índice). Y el nuevo ministro los convalida.
Política a la medida de muchos industriales y productores, respetuosa de sus intereses, que sin embargo plantea dudas sobre lo que el gobierno jura pretender para sí y su heredera. Cuesta entender la volatilidad y la incertidumbre cambiaria en esta etapa preelectoral, y el posible incentivo a una inflación que ya viene escondida desde hace meses. ¡Y no está perdida!, como se supone. Por más que la candidata diga que se trata de una especulación de los tenedores de títulos indexados, los que se han sumado al criterio de quienes concurren a los supermercados todos los días.
Gente que se pregunta, claro, la razón por la cual desaparecen documentos del INDEC y aguardan, por indicaciones de un fiscal que no puede considerarse enemigo del gobierno (Carlos Stornelli), alguna sanción a los que violaron el secreto estadístico. A pesar de que el gobierno sostenga que no es delito, como el sobre con dinero de Felisa Miceli, las contrataciones y el nepotismo de Romina Picolotti, las exportaciones a precio vil de la ministra Nilda Garré. Ya no hay sólo falta de calidad institucional en la Argentina.
Dejá tu comentario