Hasta un par de horas antes del cierre, pocos lo creían posible, pero finalmente el Dow se anotó un tercer máximo histórico consecutivo. Si tenemos en cuenta que Caterpillar, ganando poco más de 4%, fue la que le hizo "el aguante" al Dow (un informe favorable de los analistas de Merrill la ubicaron como una de las 10 empresas que más se beneficiarían de una mejora en la economía global), mientras que Starbucks fue premiada con una suba de casi 7,5% tras anunciar un impresionante plan de expansión (es el décimo papel más influyente en las variaciones del NASDAQ), es claro que la idea de que el anuncio del incremento en las ventas minoristas de setiembre fue lo que alimentó la nueva suba es, por lo menos, exagerada (en sectores, lo mejor pasó por las empresas de transporte y petroleras, papeles cíclicos y, especialmente, los de tamaño medio y pequeño -el Russell 2000 trepó 1,3%-).
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Mirando nada más que la suba del Dow (0,14%, a 11.866,69 puntos), podría pensarse que el entusiasmo menguó, pero con más de dos papeles en alza frente a cada uno que bajó, casi 250 marcando nuevos máximos para los últimos doce meses (unos 15 marcaron nuevos mínimos) y más de 1.740 millones de papeles operados en el NYSE, es claro que, aun admitiendo que ha habido cierto traslado en el interés inversor de las "blue chips" hacia papeles "retrasados" (¿existe algo "retrasado"?), esto no menoscaba la idea de que la suba es general. En este escenario, las noticias siguen sin importar demasiado, y así, la suba del petróleo a u$s 60,03 por barril (la OPEC amenaza con reducir la producción por primera vez en dos años, temerosa de ver el crudo en u$s 50 y como señal a favor del ingreso de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU) y la de la tasa de 10 años a 4,612% anual (comentarios adversos del presidente de la Fed de Filadelfia) se tomaron sólo como hechos positivos. Sin dudas que tendremos bajas; el asunto es cuándo.
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