Cifarelli: "Los costos incluido el trigo subieron un 53% y solo nos permitieron aumentar 9%"

Economía

El presidente de la Federación de la Industria Molinera, Diego Cifarelli, reclamó más competitividad y dijo que en el sector están "entusiasmados" con el trabajo de la Cancillería de identificación de mercados. Dijo que la harina sólo explica el 20% del precio del pan y avaló el funcionamiento de las mesas del trigo y del maíz.

“Es inviable tener costos parecidos a los internacionales y la harina más barata del planeta”, afirmó Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera. El directivo también señaló que la industria está en condiciones de duplicar su capacidad de molienda y que Argentina podría exportar a 30 países cuando ahora sólo vendemos a dos naciones limítrofes. El empresario reconoce que tienen casi un 50% de capacidad ociosa, “exportamos 12 millones de granos y sólo 1 millón de harina”, confiesa. Reflexionó que es “una pena en un mundo que demanda alimentos”. Pide que el Estado le “saque la pesada mochila” para que el sector pueda crecer. Se defiende del aumento del pan argumentando que la harina explica el 18%/20% del precio. A continuación el diálogo con Ámbito:

Periodista: De acuerdo con datos sectoriales, la producción de harina de trigo en 2020 se ubicó en unos 4 millones de toneladas, por debajo de los 4,8 millones de toneladas de comienzos de la década pasada. ¿Qué previsiones hay sobre producción, consumo y exportación de harina?

Diego Cifarelli: No notamos esa baja de consumo, la molienda al inicio de las dos décadas es prácticamente la misma, ronda los 4 millones de toneladas de harina (5,4 millones de trigo) para consumo interno. A mediados de la década venia en baja y estábamos preocupados, pero no era baja de consumo, era molienda no declarada, era marginal. En los últimos tiempos, merced al trabajo del Ministerio de Agricultura, se fue corrigiendo, se blanqueó mucha molienda y los números arrojaron la realidad. El compromiso del sector con la transparencia es total, pero solo se logra con una gran articulación público-privada porque la mayor recaudación de impuestos beneficia a toda la sociedad y derrama en toda la economía. Lamentablemente hoy volvemos a observar una aceleración de la marginalidad. Le estamos pidiendo a las autoridades volver a tomar el toro por las astas, de otra manera habremos perdido la batalla en búsqueda de la trasparencia, no lo podemos permitir y sé que los funcionarios sienten lo mismo.

P.: ¿Cómo ve la producción, consumo y exportación de harina para el año?

D.C.: Tenemos un sabor a poco, las exportaciones están inalterables en volumen desde hace mucho tiempo, somos un sector que solo exporta a dos países limítrofes y esto genera mucha impotencia porque tenemos potencial para exportar a más de 30 países. Tenemos el trigo, tenemos las maquinas, tenemos el conocimiento, solo necesitamos que nos doten con un poquito de competitividad, no digo para toda la exportación pero si para el excedente de las toneladas que hoy ya pagan retención. Exportamos promedio 1 millón de toneladas de trigo en harina, y les decimos a las autoridades: cuando exporto una tonelada más de ese millón sacame parte de la mochila que me pones todos los días, que te lo devolveremos con inversión y puestos genuinos de trabajo.

P.: ¿Cómo afectó la pandemia a la actividad molinera?

D.C.: El primer día que fuimos nombrados esenciales por el Presidente, nos pusimos al frente de la batalla con este maldito enemigo invisible y no faltó ni un solo kilo de harina en todo el país. El esfuerzo de los empresarios y los trabajadores del sector fue increíble, cuando la mayoría de la sociedad estaba asustada en el inicio, sin saber con qué nos enfrentábamos, nosotros recogimos el guante y abastecimos a todo el país de este producto tan noble y tan importante para nuestros hogares. Tal es así que el consumo de paquete de 1 kilo explotó por la demanda porque la gente encontró en las recetas caseras un entretenimiento válido dentro del encierro y, a pesar de esta situación, no falto un solo kilo en los lugares de venta.

P.: ¿Cuántas plantas hay en el país dedicadas a la producción de harina?

D.C.: Las que cuentan con matricula y están registradas para funcionar son alrededor de 150. Lamentablemente hay varias más ocultas, en condiciones que vaya a saber uno como fabrican la harina, sin normas ni controles y por eso trabajamos con las autoridades para encontrarlas y que se adecuen a la normativa. Somos el alimento básico, tenemos que producirlo con los más altos y estrictos estándares de calidad y el consumidor debe buscar los productos validados por la autoridad de aplicación.

P.: ¿Con qué nivel de capacidad ociosa están operando?

D.C.: Tenemos entre el 48 y 50% de capacidad ociosa. Esta situación da mucha impotencia. Exportamos 12 millones de granos y solo 1 millón de harina, y ni le cuento de fideos y demás productos porque le transmitiría mi frustración. La molinería puede abastecer lo que consumen dos argentinas. Molemos 6/ 6,5 millones de toneladas de trigo y podríamos moler 13,5, millones de toneladas, una pena en un mundo que demanda alimentos.

P.: El país necesita exportar más, ¿porque no se puede hacer?

D.C.: Claramente es por falta de competitividad y una mochila extremadamente pesada. Una tonelada de trigo se vende al mundo en 250 dólares, la de harina en 400, la de fideos en 900, la de panificados en 1.200 y la de pasta fresca en 2.000. Es clarísimo como se va produciendo valor en la medida que te adentras en la cadena y avanzas en los eslabones, esos son dólares, trabajo, impuestos, etc. No digo cambiar la matriz, digo potenciar sectores o eslabones de cadena donde su potencial es manifiesto a simple vista. No pedimos ayuda, ni crédito, ni nada extravagante, solo, como decía recién, que si exporto más de lo que hoy exporto me saquen peso de la mochila, no toco caja actual, genero caja futura para el Estado y derrame de riqueza a partir del crecimiento productivo.

P.: La industria se quejó porque la harina fue el producto que menos subió el último año, mientras que el trigo, que representa 80 % del costo de elaboración, se encareció 60%.

D.C.: No es una queja, es un análisis de la realidad a la vista. Gran parte de las empresas trabaja en el punto de equilibrio, es tan alta la capacidad ociosa que vender una bolsa más de harina hace que los costos fijos impacten menos. Hay un imaginario colectivo que tiene la percepción que los fabricantes de alimentos son los grandes ganadores de esta época. Yo le puedo asegurar que es un grosero error y nada está más lejos de la realidad, por lo menos en muchos sectores.

P.: ¿Cómo es la presión impositiva sobre el sector?

D.C.: Del 40 % como la media del sector alimenticio.

P.: ¿Cómo están afectando las políticas de regulación /control de precios al sector?

D.C.: El trabajo con la Secretaría de Comercio es incesante, por momentos nos entendemos, por momentos no. Nosotros seguimos poniendo nuestra parte, pero estamos muy complicados con nuestro producto fraccionado. Los costos totales incluido el trigo variaron en promedio en los últimos 13 meses 53% y solo nos permitieron aumentar 9%, es una situación muy compleja. El abastecimiento sigue pleno, pero está claro que es una política pública que necesita urgente de más creatividad porque queremos mantener la fuente de trabajo.

P.: Los panaderos suelen quejarse por falta de materia prima.

D.C.: Nuestro producto es volátil en precio porque varia en función del precio internacional del trigo, cuando aumenta el trigo aumenta la harina y cuando baja, también baja. Así fue históricamente, lo que pasa es que, en general, la queja es cuando aumenta, pero no se anuncia cuando baja y ocurre bastante a menudo. El abastecimiento a todos los sectores es total.

P.: En el Gobierno preocupa la marcha de los precios de los alimentos. ¿Cuánto incide la harina en la formación de precios de la canasta alimentaria?

D.C.: En el pan, la harina explica el 18%/20% del precio. Hoy 1 kilo de harina a la panadería llega alrededor de 34 pesos (más impuestos) y con ese kilo de harina salen 1,200/ 1,100 kilos de pan. Estoy seguro que la harina hoy por hoy es el producto alimenticio más barato del país. Y la harina argentina es la más barata del mundo. Hay que cuidar a los molinos, nos vamos a quedar sin generadores de producto, es inviable tener costos parecidos a los internacionales y la harina más barata del planeta. Algo no funciona.

P.: ¿Cómo está la relación con el Gobierno en este momento?

D.C.: Siempre tenemos excelente diálogo con todos los funcionarios y acatamos las políticas públicas que determinen, estemos o no de acuerdo.

P.: ¿Y cómo es el diálogo dentro de la cadena?

D.C.: A partir de la creación de las mesas dentro del Consejo Agroindustrial Argentino, como las de trigo y maíz, se encontraron propuestas superadoras y un diálogo que hasta ahora no lo habíamos tenido nunca. Está claro que dentro de una cadena, cada uno quiere lo mejor, pero siento que en las últimas reuniones, varios estamos priorizando el éxito de todos. Queremos resolver los problemas dentro de la cadena.

P.: ¿Qué se necesita para que el sector sea más competitivo?

D.C.: Quitarnos mochilas que no son nuestras y ejecutar la decisión política de terminar con la evasión en el sector. Se logra poniendo en marcha herramientas como el controlador electrónico, el remito electrónico etc. Creemos que en nuestro trabajo conjunto con el Ministerio de Agricultura y la AFIP está la solución a gran parte del problema.

P.: ¿Qué perspectivas hay de exportación? ¿Se está avanzando en mercados no tradicionales como Indonesia, Kenia o Bangladesh?

D.C.: Estamos muy entusiasmados con el trabajo que hizo la Cancillería Argentina, un trabajo muy profesional en la identificación de mercados, somos un sector que ya supo exportar a África. Al sudeste asiático y a Europa, hoy imposible. No puede ser que a Cuba y Venezuela les vendan a Turquía y no nosotros. Necesitamos que el Estado nos acompañe, que no nos regale nada, pero no tengo dudas de que podemos generar más empleo genuino, más desarrollo. Somos el sector industrial más histórico del país, y a pesar de ser tan longevos, tenemos hambre de crecimiento y de llevar la marca Argentina a todo el mundo porque estamos seguros que es posible y el único camino.

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