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Mirando las cosas hacia atrás, casi parece increíble que tan sólo hace un año y cuatro días el Dow tocaba el mínimo en cinco años, el S&P 500 en 6 y el NASDAQ en 7 años, y que desde entonces han repuntado 33%, 34% y un brutal 72% respectivamente. Pero es este mismo optimismo, lo que permitió que los inversores no les prestaran demasiada atención a los pronósticos negativos que emitió General Electric, la mayor cotizante del mundo, respecto a sus proyecciones para los próximos meses; a la debilidad creciente del dólar, a la suba de los precios mayoristas por encima de lo esperado o al incremento del precio del petróleo que tocó el máximo desde el fin de la guerra contra Iraq. Hay que entender que no se trata de que todo anda bien sino que el mercado sea quien entró en esta senda. Las dudas son a futuro, ¿qué pasará cuando la economía entre de lleno en un proceso expansivo y toda la altísima liquidez existente se canalice hacia créditos al consumo y la producción elevando las tasas de interés?
Pero para esto falta. Por ahora, importan cosas más pedestres como los balances que faltan reportarse y los datos macro de inflación minorista, producción industrial, etcétera.
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