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A esto se suman lo ocurrido con General Motors, cuyas acciones cerraron en el mínimo de los últimos 18 años, y el desplome de American Express, donde su CEO "pinchó" las estimaciones de ganancias que venían realizando los especialistas.
No menos importante, el empinamiento del oro, la plata, el cobre y el platino (marcaron precio récord), aparentemente muy influidos por las compras "físicas" que estarían haciendo varios bancos centrales (lo que ya parece un impostergable nombramiento de Ben Bernanke como sucesor de Alan Greenspan, sigue sin ser visto con los mejores ojos por el mercado), y un nuevo "achatamiento" de la curva de tasas de interés (la tasa a 10 años retrocedió a 4,48% anual, sin duda influida por las compras extranjeras que si bien bajaron durante setiembre, siguen fuertes -en especial, las asiáticas-) en lo que mucho tiene que ver la fortaleza del dólar (que ayer quedó en el máximo de dos años ante la libra y el franco suizo, y el máximo de 27 meses ante el yen). Con todo esto en contra, el 0,11% que perdió el Dow al cerrar en 10.674,76 puntos no puede sino ser visto como algo parecido a una victoria o la prueba del comportamiento de un mercado autista.
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