Gobierno apura acuerdo con el FMI: activa ahora el contacto con Werner

Economía

El objetivo es avanzar en los temas que concitan las mayores diferencias: política cambiaria, compromiso fiscal y meta de inflación.

Alberto Fernández activó su carta personal para destrabar algunas situaciones complicadas en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y acelerar así la firma de la “Carta de Intención” antes de las fiestas. El Gobierno quiere terminar el año con el tema FMI en vías de solución, y concentrar el comienzo del año sin la agenda de la discusión con el organismo sobre la mesa. Para lograr esta última gran meta económica del complicadísimo 2020, el jefe de Estado activó su carta personal; al menos para tratar los aspectos técnicos del potencial acuerdo: tomar contacto directo con el gerente para el Hemisferio Occidental Alejandro Werner. Es con el mexicano-argentino, con quién el Presidente quiere terminar de negociar (vía virtual) el contenido específico de la “Carta de Intención” con la Argentina. Sabe el Presidente que las negociaciones están trabadas en tres aspectos fundamentales: la política cambiaria para el 2021, el compromiso fiscal con las provincias y las verdaderas posibilidades que la inflación del próximo ejercicio sea menor a la del 2020.

Hay desacuerdo sobre estos puntos entre las partes, que están lejos de llegar a buen puerto. Lo dejaron en claro los enviados de Washington el venezolano Luis Cubeddu (mientras pudo fiscalizar antes de caer bajo el covid-19) y la norteamericana Julie Kozac. Los dos visitantes dejaron en claro en varias de las reuniones más importantes que se mantuvieron durante la semana anterior, que no está claro que la Argentina pueda dominar el mercado cambiario en el mediano largo plazo; más allá de la tranquilidad de los últimos días. Tampoco les queda claro al tándem visitante, que las provincias estén en sintonía con la necesidad de un ajuste fiscal importante y en sintonía con el que promete la Nación. Y, finalmente, el debate más importante. No creen Cubeddu- Kozac que la inflación para el 2021 termine siendo, tal lo prometido por Martín Guzmán, inferior a la del 2020. Haciendo porcentajes básicos, este año el alza de los precios medida por el INDEC se ubicaría cerca del 36%, para el próximo ejercicio el Ministerio de Economía promete un 29% mientras que las consultoras privadas hablan del 50%. Todos estos puntos son imposibles de solucionar con una conversación con funcionarios argentinos, sino que ameritan un compromiso político de la Argentina de lograrlo y de la buena fe del organismo financiero de aceptar la promesa. Ahí es donde juega la relación personal que Alberto Fernández logró crear con Alejandro Werner; hace ya más de un año.

Fue el 27 de junio de 2019, cuando el entonces flamante candidato opositor se reunió por primera vez con el director gerente. Alberto Fernández llevaba sólo semanas como el hombre elegido por Cristina Fernández de Kirchner, y desde el FMI se había generado una inquietud importante sobre cuál era su idea sobre el megaprestamo otorgado. Concretamente, la duda era si un eventual gobierno suyo iba a reconocer esa deuda o la negaría por cuestiones políticas, ideológicas o de cualquier otra naturaleza. Para conocer la respuesta de boca del propio vencedor de las Paso, la conducción de ese entonces de Christine Lagarde dispuso que sea el propio Werner quien viajara a Buenos Aires y se encontrara con el candidato opositor.

Aquella tarde de junio, ambos se encontraron en las entonces oficinas partidarias de Fernández en la calle México de la Capital Federal. Para distender el clima algo tenso, el candidato apeló a un recuerdo. Mencionó al padre del visitante, el cordobés Manuel “Lito” Werner; un exfuncionario y jefe de Gabinete del equipo de José Ber Gelbard, asegurándole que “dentro del movimiento, era un hombre muy respetado y siempre recordado”. Hablaron luego del exilio que el padre del hombre del FMI tuvo que vivir primero en Uruguay y luego en México, donde finalmente Alejandro desarrolló su carrera económica y política. Ya distendidos, y siempre sin abandonar los buenos gestos y la cordialidad, comenzaron los reproches desde el lado local. “Cuénteme, y sabiendo que ustedes tienen sus obligaciones políticas, ¿cómo fue que se aprobó el último acuerdo, donde se está violando el acta constitutiva del FMI? ¿Cómo le dieron un préstamo semejante a Macri en estas condiciones?”. Fernández hablaba puntualmente de la habilitación que llegó el último 29 de abril, para que el Gobierno pueda utilizar hasta u$s9.000 millones para contener eventuales corridas hasta fin de año; mecanismo que le permitió al Gobierno sostener una estabilidad cambiaria que probablemente llegue a las elecciones Paso. El candidato definió este último acuerdo como un pacto “con Macri, no con la Argentina” que generó “un dólar ficticio y electoral”. Relató Fernández el artículo VI de la Carta del FMI, en el párrafo donde se menciona que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”.

Werner escuchó callado la siempre diplomática embestida; y, según los locales, asintiendo con la vista. Insistió Fernández en que “se comprende que hay cuestiones políticas detrás” (sin mencionar la acción directa de Donald Trump en el último préstamo), y lanzó otra estocada: “de los u$s39.000 millones que ya prestaron, se fugaron ya u$s30.000 millones. ¿Y van a prestar u$s11.000 millones más? Se los van a dar para que se siga financiando la fuga”. Recordó que la deuda externa pasó de u$s100.000 millones a u$s150.000 millones y estimó luego que el déficit fiscal del año pasado será de 1% del PBI, “pese al ajuste y sin contar el financiero”; habló de “la ficción de las cuentas públicas” y de “la deuda que se está generando entre la Nación y las provincias” y del “descalabro de las Leliq”. Fue la primera vez que se mencionó desde los locales una cuestión clave: “es imposible pagar así esta deuda. Se necesita renegociar”. Werner dio luego la frase clave que ahora replica Alberto Fernández: “de buena fe siempre habrá un acuerdo. Si hay voluntad, será una responsabilidad mutua que deberemos asumir”.

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