José Luis Rodríguez Zapatero estuvo más que cordial ayer, durante su declaración ante la prensa, con Néstor Kirchner.
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Como si no le interesarala opinión de quienes, desde su oposición más acérrima, le critican una excesiva -y tal vez costosa- tolerancia con las «heterodoxias» latinoamericanas, especialmente onerosas para las empresas que invirtieron en la región. Elogió a Kirchner con gran generosidad, felicitándolo por la recuperación económica en una línea argumental que había inaugurado el rey Juan Carlos I el día anterior: para España, la Argentina si no está en el cielo, merece por lo menos el purgatorio.
No el infierno, como tal vez exagere el presidente argentino, quitándole el cuerpo a las exigencias sobre tarifas y otros incumplimientos. Aun así, hubo dos momentos en la alocución de Zapatero en los que su generosidad con los países del Cono Sur fue llamativa.
La primera cuando dijo: «España estuvo, está y estará en América latina», de manera incondicional. La segunda, cuando le preguntaron por las medidas de Evo Morales, Hugo Chávez y otros gobernantes que han tomado medidas intervencionistas que afectaron especialmente a empresas españolas como Repsol (la nacionalización boliviana es el ejemplo más obvio). «No debemos dar lecciones», dijo Zapatero.
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