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A causa de la crisis, ópera “low-cost” también en Alemania
Con pocos cantantes, una orquesta acotada, escenografías mínimas, la Pasinger Fabrik de Münich está presentando dentro de su temporada una «Tosca» pucciniana con un éxito de público nada desdeñable.
Cn un número reducido de cantantes, una orquesta acotada aunque con arreglos «ad hoc», escenografías mínimas y prescindiendo de las masas corales, la Pasinger Fabrik, un centro cultural de nutrida actividad en varios géneros (y llamado «el teatro de ópera más pequeño de Munich»), está presentando dentro de su temporada una producción de la «Tosca» pucciniana con un éxito de público nada desdeñable.
Es cierto que el hecho de que se brinde en alemán (y aquí el uso no legitima para nada la norma) acerca tal vez a espectadores de un espectro más amplio, aunque el perjuicio para la vocalidad italiana sea estrepitosamente irreparable. Afortunadamente la puesta en escena de Nilufar Münzing otorga a la pieza de Puccini-Illica-Giacosa basada en el drama homónimo de Victorien Sardou un dinamismo y una intensidad tan vívidos que la circunstancia idiomática queda hasta por momentos en un segundo plano.
La «adaptación» (también obra de Münzing) comprende modificaciones motivadas por la reducción de fuerzas -por ejemplo el diálogo entre el Sacristán y el coro antes de la entrada de Scarpia se da aquí entre el Sacristán y el excelente Spoletta de Stefan Kastner- o por motivos menos comprensibles, como la transformación de Angelotti en una mezzosoprano (muy profesional Stephanie Firnkes, también a cargo del pastor), posiblemente a raíz de la necesidad de contar con una voz de esa cuerda para los coros.
El «Te Deum» es cantado por todos los solistas con un resultado mucho más satisfactorio que la cantata «fuori scena» (uno de los fragmentos más bellos de la ópera), donde el andamiaje musical se desmorona por completo. Pero salvo estas páginas, la reducción orquestal realizada por Andreas Heinzmann y Maximilian Fraas es sólida, y la temeridad de la faena se ve ennoblecida por un producto eficaz, impecablemente llevado a cabo por el ensamble de 10 músicos a las órdenes del mismo Heinzmann.
Descuella en el elenco la Tosca de Nastassja Nass, con su voz imponente y redonda, su bella presencia escénica y su compromiso actoral. Como Cavaradossi, Janos Alagi exhibe un timbre tan agradable como ríspido en los agudos. De no ser por su afinación errática y la escasa convicción con la que encarna a su personaje (el villano operístico por antonomasia) Silvan Hilaire sería un aceptable Scarpia, en tanto que Roger Krebs se mete al público en el bolsillo en el doble papel del Sacristán y Sciarrone.


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