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A festejar con todo el ruido

No nos equivoquemos, el Presidente Obama tiene hoy menos poder que hace cuatro años, no sólo porque tuvo menos votos que en 2008 (casi 8 millones, Obama está entre los presidentes reelectos con el menor apoyo popular de la historia), sino porque sabiamente no podrá ser re-reelecto.
Tal vez el cambio más grande que vimos ayer se dio en la Cámara alta, donde creció el número de senadores con posiciones extremas de izquierda y de derecha. Esto obligaría al presidente a recurrir a los más moderados si es que quiere avanzar con alguna legislación. El pasado, sin embargo, sugiere sus predisposiciones a imponer su voluntad, apoyándose en el ala «liberal» de su par-tido. No parece, entonces, muy probable que en estos cuatro años cambie de estrategia, sino que, al contrario, tal vez trate de «profundizarla» apuntando a las legislativas de 2014, para no convertirse en un «pato rengo» (el término -de sentido político- se originó en el siglo XVIII para referirse a los quebrados en la Bolsa de Londres: el pato rengo es el último de la bandada, devorado fácilmente por los depredadores).
El primer día del segundo mandato de Obama vio caer al Dow un 2,36 por ciento (la mayor baja en casi un año), al cerrar en 12.932,73 puntos (la suba del martes tuvo algo que ver con una información errónea sobre los resultados electorales de Ohio). Cuando el poder no escucha, los mercados y la gente deben (hacerlo) y se hacen oír.


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