29 de diciembre 2017 - 00:00

A los 92 años murió en Roma Fernando Birri, director de “Tire Dié”

Llamado “el padre del nuevo cine latinoamericano”, su figura pintoresca fue infaltable en los festivales de cine durante medio siglo.

Birri. Amigo de García Márquez, dedicó muchos años a la docencia.
Birri. Amigo de García Márquez, dedicó muchos años a la docencia.
Ayer de madrugada murió en Roma Fernando Birri, cineasta, dibujante, poeta, titiritero, creador de escuelas de cine, hombre abierto, risueño, llamado "padre del nuevo cine latinoamericano". En marzo hubiera cumplido 93 años. Nació en Santa Fe, donde creó un teatro ambulante de títeres y un grupo literario. Un día se embarcó por el Atlántico hasta el Centro Sperimentale di Cinematografía, y allí hizo amistad para siempre con otros compañeros de estudios: García Márquez, Nelson Pereira dos Santos, García Espinosa, Gutiérrez Alea y Adelqui Camusso. Trabajó, llegó a ser asistente de dirección de Vittorio De Sica en "El techo", y encaró la vuelta.

Le tentó enseñar lo que había aprendido. Así nació en 1956 la Escuela de Cine Documental de la Universidad Nacional de Santa Fe, de la que tuvo que irse en 1962. Su síntesis: "Me fui una vez por no ser peronista, y me fui otra vez por no ser antiperonista". Tras algunas andanzas se instaló en Roma, y luego en Mérida, Venezuela, donde alentó el Departamento de Cine de la Universidad de los Andes. Volvió aquí fugazmente en 1985 y dio algunas charlas. En 1986 creó la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, con Francis Ford Coppola como profesor invitado. Desde entonces, y hasta hace pocos años, fue alternando entre esa escuela, la Universidad de Boston, EE.UU., una casita en San José del Rincón, provincia de Santa Fe, y el departamento romano donde finalmente recibió a la muerte. Junto a él estaba Carmen, su compañera desde la juventud.

Entre sus obras se citan especialmente "Tire dié", "Los inundados" (hechas con los alumnos), los cortos "Buenos días, Buenos Aires" (voz de Hugo del Carril), "La Pampa Gringa" y "Remitente: Nicaragua", y los largos "Mi hijo el Che", "El siglo del viento" y "Un señor muy viejo con unas alas enormes". Este último le salió mal. Y como "de los errores se aprende", armó un seminario de tres días explicando a los estudiantes en qué se había equivocado. Así era él, ocurrente, pícaro y generoso, símbolo de una época que ya pasó.

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