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A Lula le quedó claro el mensaje de Hillary
Hillary Clinton
No sorprendió, por eso, que Hugo Chávez ni figurase en la pizarra del Departamento de Estado. Tampoco sus adláteres en el bolivarianismo y en el ALBA (Alternativa para las Américas), Rafael Correa, Daniel Ortega y Evo Morales.
Sí tuvo Hillary un convidado de último momento en el fixture para América del Sur: el presidente Fernando Lugo de Paraguay, mandatario que viene haciendo un difícil equilibrio entre Washington y los cantos de sirena originados en Caracas -reforzados con ayuda financiera y provisión por parte de la petrolera PDVSA del 80% del gasoil que llega al Estado guaraní-.
Señal contundente
En lo que hace al juego frente a Brasil, que Hillary Clinton tenga hoy un encuentro en Guatemala con Porfirio Lobo, flamante presidente de Honduras, es una señal contundente de Washington hacia Brasilia de que para entrar en el área de América Central todavía hay que pedirle permiso al país del Norte. Brasil, que habría cooperado -sin consultar a EE.UU.- con el regreso del depuesto ex presidente Manuel Zelaya para refugiarse durante tres meses en la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, todavía no reconoció -como hizo Washington- al Gobierno de Lobo (electo en noviembre 2009), y arrastra en esa estela a varios países latinoamericanos (la Argentina entre ellos).
Pero sin duda, la jugada más fuerte y explícita del Departamento de Estado fue la que montó frente al acercamiento de Brasilia con Teherán. Fuentes en Washington dicen que la gira de Hillary tuvo como verdadero y único objetivo, disuadir a Brasil de su «liaçon» iraní. Por eso es que el Departamento de Estado habría «reforzado» la escala en Brasil enviando una semana antes al subsecretario de Estado William Burns para hablar con Itamaraty exclusivamente sobre el tema Irán.
Apoyo a Irán
Brasil sigue apoyando a Irán en su programa nuclear, que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sospecha tiene fines bélicos y que el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad no permite sea supervisado. Mientras occidente prepara mayores sanciones comerciales y hasta medidas más duras todavía, Brasil dice que confía en las buenas intenciones de los iraníes y que la voluntad de Lula y de Itamaraty es la de ser mediadores en este conflicto. No es todo. El presidente Lula tiene prevista una visita a Teherán en mayo, y ya le advirtió a Washington que no va a suspender ese viaje.
Quienes conocen el paño y cómo se mueve el equipo verde-amarillo, dicen que, en realidad, lo que más preocupa a EE.UU. no es el apoyo de Brasilia a Teherán, sino una eventual asociación nuclear de Brasil, el país más grande de Sudamérica, con el régimen persa. Por algo, señalan esas fuentes, Brasilia no se aviene a firmar un protocolo adicional al TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear), que impondría mayores controles a las plantas de Angra y Resende.
Si bien desde la Administración Obama saben que la visita de Hillary a Brasil no va a provocar un cambio en la agenda de Lula con Ahmadineyad para mayo, sí creen que las reuniones del miércoles pasado en Brasilia dejaron el mensaje buscado: «Que la próxima vez que Brasil quiera intentar el juego de los grandes, consulte antes con Washington». Prueba de que el mensaje no cayó en saco roto es el reciente pronunciamiento del Gobierno de Lula sobre violación de derechos humanos en Irán. Un detalle que, hasta la venida de Hillary, se le había pasado por alto.


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