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A River nadie le da una mano
Juan Pablo Carrizo no lo puede creer. Su error terminó en el gol de Jonathan Ferrari. Pablo Velázquez festeja.
San Lorenzo, a pedido de los jugadores, volvió a la línea de cuatro defensiva y Miguel Ángel Tojo tomó muchos recaudos defensivos y salió con Juan Manuel Salgueiro como único delantero, con Leandro Romagnoli detrás de él y confiando en la subida de los volantes exteriores, que muy poco acompañaron. Por eso había poca presencia en el área contraria y tuvo que cambiar el esquema en el segundo tiempo con la entrada de Pablo Velázquez por el «Chaco» Torres.
River tuvo la pelota y buscó con Erik Lamela como eje manejarla con inteligencia y abrir espacios defensivos, pero tampoco creó demasiadas situaciones de gol. San Lorenzo, con el cambio, buscó largos pelotazos a la cabeza del paraguayo Velázquez, que ganaba de arriba, pero le faltaba potencia y puntería para lastimar.
Así las cosas, el gol de Caruso cotizaba en euros, pero a los 28 minutos entró Jonathan Ferrari por Guillermo Pereyra lesionado y en la primera que tocó se le ocurrió patear de 30 metros y la pelota, que era central y sin mucha potencia, se le escapó de las manos a Juan Pablo Carrizo y se convirtió en el empate.
Después, la desesperación de River y la especulación de San Lorenzo hicieron que las cosas no se modificaran. River no puede aducir que fue perjudicado por Pablo Lunati, que tuvo una actuación más que aceptable; ni siquiera por el rival, que parecía haber firmado un pacto de no agresión. Lo perjudicó, como ante Boca, su propio arquero, el mismo que le hizo ganar muchos puntos. En fin, son cosas del fútbol...


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