24 de mayo 2016 - 00:00

A rodar

• El Gobierno de Mauricio Macri se está caracterizando por ser diferente, en algunos hábitos, de los anteriores. Un ejemplo es lo que sucede en el sector automotor. A comienzo de marzo, este diario adelantó que en algunos despachos oficiales se estaba trabajando para lanzar un plan con tasas atractivas para financiar la compra de 0 km desde el Ministerio de Producción, desde el Banco Nación y desde el Provincia de Buenos Aires. Eran momentos en los que se proyectaba una caída del mercado y había preocupación. Lo que se veía -y se consignaba en aquel artículo- era que no había una coordinación de las distintas áreas. Eso se debía, en parte, a las internas que despuntaban en todo el sector económico del Gobierno. Pero también al espíritu de sus funcionarios, desde el Presidente para abajo.

• Como buenos liberales en lo económico, prima la idea de que el mercado todo lo puede. El Estado, en consecuencia, debe centrarse en tareas muy específicas. Con ese criterio, un plan global con subsidios oficiales no tiene muchos adeptos. Por eso, la semana pasada hubo un tibio anuncio de un acuerdo del Provincia con Volkswagen para financiar a tasa baja (para este país) la compra de dos modelos de producción nacional. Muy poco. Es cierto que en los próximos días se sumará alguna otra marca y, también el Banco Nación. Pero seguirá siendo una medida puntual, con líneas de créditos ya vigentes y la novedad de un subsidio a la tasa de la empresa, no del Estado. No hay un nuevo Pro.Cre.Auto ni mucho menos una remake del Plan Canje.

• Y en esa teoría de un mercado omnipotente, parece que el Gobierno va ganando la pulseada. Desde que comenzaron a analizar, allá por febrero, algún estímulo para la compra de autos, el mercado cambió. Hay fuertes bonificaciones, tasa baja o del 0% para muchos modelos y entrega inmediata de planes de ahorro. Por eso suben los patentamientos. Todo por iniciativa de las empresas. En ese contexto, ¿tiene sentido que el Estado destine fondos para subsidiar la compra de 0 km?

• A esto se suma que las terminales están reacias a los planes oficiales ya que compiten con sus propias financieras. ¿Por qué les voy a entregar a los bancos oficiales mi cartera de clientes?, se defendió el directivo de una terminal. El otro problema es la entrega. Si los autos que van a ingresar en un plan oficial son de producción nacional, va a complicarse el problema de abastecimiento. Hoy ya tenemos demoras; si hay más demanda va a ser peor y las quejas las vamos a recibir en las concesionarias, alertó un dealer.

Horacio Alonso

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